Aquí estoy, lejos, y apostando para que a Boric le vaya bien, sabiendo que en sus manos tiene al menos un par de llaves de la casa que a todos nos falta.
Los mitos perduran en las narrativas sobre Cuba, así como perduran los dispositivos de seguridad y represión forjados en las décadas del totalitarismo en la URSS.
Hemos llegado a una época en la cual ser un nazi bueno está bien visto, siempre y cuando no se confunda con ser un buen nazi, que eso es de nazis feos.