Virgilio Piñera
Virgilio Piñera (FOTO Mario García Joya)

Se podría hablar de innumerables Virgilio Piñera, porque habría uno que encontrar en cada lectura. Me gusta hablar (y creer) que hay solo cuatro Piñera.

Está el Piñera del ritual, que es omnipresente. Son la prueba fehaciente esos personajes del martirologio como René o Jesús García. Esos mesías que casi nos obligan a una profesión de fe, porque es imposible no creer en ellos ni en su mensaje. Pero la imagen más sintética de ese Piñera del ritual está allí perdida en uno de sus cuentos, “En el balcón”, donde su protagonista anónimo tiene que sujetar a todos en brazos, en esa especie de Piedad desnuda, ilógica y mecánica, que termina por convertirse en (si acaso) una acerba esperanza.

Mi segundo Piñera es el de las fotos. Y no me refiero a las arquetípicas imágenes de la mano en la barbilla o en la mejilla derecha. O en esa foto en la que se asoma presumiendo de un cráneo en una aburrida alusión a Yorick. El Piñera de las fotos es el de otro relato suyo, “El álbum”, que tiene que ver con esa otra dimensión del tiempo ya no en el sentido Gray-Wilde, sino de la dimensión del tiempo de 1959: tiempo detenido, estatismo. Cualquier historia contada “a partir de” solo existe en el mismo tiempo en que se mueven los personajes de “El álbum”. En ese sentido, cualquier foto es una sinécdoque del inmovilismo o lo cíclico y de un tiempo que persiste en ser sin serlo (perdón por la perogrullada).

El tercer Piñera que siempre termina apareciendo como suerte de cliché es el de “la isla”. La fatalidad insular, que a veces él mismo revela como la fatalidad de la existencia y que resume en ese verso que recuerdo siempre que sé de algún nacimiento: “Toda madre / más que dar a luz, da a tinieblas, y su fruto —topo desvalido— / engulle su primera ración de ceguera”. El Piñera de la isla es el mismo que es capaz de recordarnos a María Viván o de hablar de flores en la carretera.

El ultimísimo Piñera de mi exigua lista es el de la negación. Hablar de Piñera es no-hablar, es inscribirse en su personalísima cosmovisión que pasa por su tutilimundi/totilimundi/mundonuevo. Es el cosmorama-Piñera que vemos en cualesquiera de los géneros que escribió, donde nos asomamos a figuras en movimiento que, lejos de divertirnos, nos provocan esa mueca.

En el Teatro perdido de Virgilio Piñera (ArteLetra, California 2022), publicado bajo el cuidado (edición, introducción y notas) de Enrico Mario Santí aparecen estos cuatro Piñera. Aquí se nos revela otra instantánea del cosmorama-Piñera con dos obras rescatadas: En esa helada zona… (1942) y ¿Un pico o una pala? (1978-1979). La primera de ellas, según indica Santí, podría ser la primera obra del teatro del absurdo (del mundo). Ya sabemos que en muchos predios universitarios hispanohablantes los teatrólogos luchan por restaurar el título de creador del absurdo para Piñera. Veremos si Ionesco, Beckett y los dioses nos son propicios.

'Teatro perdido' de Virgilio Piñera, editado por Enrico Mario Santí
‘Teatro perdido’ de Virgilio Piñera (ArteLetra, California 2022), editado por Enrico Mario Santí

En esa helada zona… lleva al cuestionamiento de la palabra. Lenguaje y realidad se cuestionan en su isomorfismo. Cuando los protagonistas intentan entablar un diálogo en el primer acto y plantean la posibilidad de conversar tal parece que vamos a escucharlos, pero no, se hace el silencio. En resumen, se trata de esa helada zona en la que nada sucede. Y en la que a modo de letanía una y otra vez Gastón y Arminda sentencian: “¡Oh, hermano /a mío /a, no comprenden nada!”.[1] Como en su particular misa, repiten su versión del salmo 115: “Oídos tienen, mas no oyen”. El perro de la noche y la cotorra del día braman fuertemente como si estuvieran pintados con tiza en el suelo.

¿Un pico y una pala?, como señala Santí, puede leerse como un testamento. Aquí se trata de organizar y anticipar la muerte porque no hay nada como cronometrar y cavar el foso propio. Como resume el personaje de María (metateatralidad mediante), todo se trata de “una conversación muerta sobre personas en trance de morir y sobre ilusiones muertas”.[2] Alrededor de esta pieza, como explica el editor, ha habido cierta incertidumbre en cuanto a identificar una posible versión definitiva. Esta versión que aquí se reproduce no es la misma que recogiera Rine Leal en Teatro inconcluso (1990), sino un texto procedente del catálogo de la Universidad de Princeton.

Las otras tres obras que aparecen en este volumen son Clamor en el penal, la archifamosa Los siervos y Poema teatral. Las tres forman parte del cosmorama-Piñera: en una la cárcel, en la otra la postal soviética y en la última el lenguaje.

Teatro perdido consigue reunir cinco curiosidades, cinco imágenes dignas de cualquier cosmorama. Aquí están esos cuatro Piñera omnipresentes y están esas preocupaciones leitmotiv de su arte dramática. Hay hermanos, muerte, juegos de palabras, insania, absurdidad… No es el libro de las grandes obras de Piñera, pero es una joya bibliográfica y de obligada consulta para entender el universo teatral del autor de Aire frío. Hay que agradecer a Enrico Mario Santí, a ArteLetra y a Biblioteca Vacía este rescate.

Como dicen al unísono los cuatro actores negando con la cabeza en Poema teatral: “¡Pasen, señores, pasen! / ¡Hagan juego, señores! / ¡Pasen a jugar ustedes también con esta cabeza, / que rompiendo el concepto y la definición / rueda como bola de fuego / por el tablado de la vida!” (p. 278).[3] Y así nos invita este libro: ¡Pasen, señores, a jugar con estas páginas perdidas!


Notas:

[1] Virgilio Piñera: Teatro perdido, ArteLetra, California, 2022, p. 197.

[2] Ibídem, p. 293.

[3] Ibídem, p. 278.

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GELSYS MA. GARCÍA LORENZO
Gelsys Ma. García Lorenzo (Camagüey, 1988). Licenciada en Letras por la Universidad de La Habana y Doctora en Filología Hispánica por la Complutense de Madrid. Es autora de los cuadernos de poesía Vesania (2005) y Anábasis (2007). En 2016 y 2017 la editorial Bokeh (Leiden) publicó La Revolución y sus perros y Anuncia Freud a María. Cartografía bíblica del teatro cubano (antología teatral). Bajo el sello de la editorial Anaya en España han visto la luz sus manuales Ortografía ilustrada. El libro para mejorar la escritura y 100 secretos ortográficos. Actualmente reside en Madrid.

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