‘El Frente Bauhaus’ (performance), Alejandro López y Pablo Pedro Pedroso, marzo 1994, en los inicios de espacio Aglutinador

El arte no es más que un simple eructo, lejos de todo bien y de todo mal.
Chago Armada

En el año 1994, El frente Bauhaus, una exposición personal del artista Ezequiel Suárez, que se debía presentar en la Galería 23 y 12 de El Vedado, fue censurada, para posteriormente mostrarse en una casa de la calle 6, del mismo municipio, vivienda de Ezequiel y de la artista Sandra Ceballos. Así nacía el espacio Aglutinador.

Este proyecto cuenta hasta el presente con veintisiete años de existencia.[1] Estos años pueden parecer pocos en relación con un acontecimiento social de cualquier índole, pero cuando logran constituirse en un registro de la vida del arte dentro de su contexto, tanto en el sentido cultural, ideológico, ético y estético, entonces, es un tiempo precioso que nos enseña cuánto se puede alcanzar si se ha logrado actuar poniendo en interacción esos sentidos.

El crítico y curador Eugenio Valdés se refirió a este proyecto como una excepción en el medio artístico cubano que: “abrió sus puertas a las contradicciones de la época y, en particular, a las incertidumbres que minaban el ámbito artístico local”.[2]

¿En qué factores radica esa excepción, así como los valores y las propiedades que convirtieron espacio Aglutinador en una experiencia artística tan meritoria y particular?

El primero a considerar se encuentra en el manifiesto elaborado por Sandra y Ezequiel, incorporado en muchos de los plegables que acompañaban a las muestras, y en el que se exponía la ideología del proyecto; el segundo, de igual importancia, se relaciona con la política curatorial adoptada.

Dicho manifiesto nos dice:

Aglutinador (espacio de arte) se propone mostrar y difundir la obra de artistas cubanos de todas las “sectas” –estén vivos o muertos, residiendo dentro o fuera de Cuba, sean jóvenes o viejos, conocidos o desconocidos, promovidos o casi olvidados, modestos o pedantes– siempre y cuando tengan una calidad incontrastable y sobre todo, esa necesaria dosis de honestidad y desasosiego ante la creación propia del arte verdadero. Aglutinador es un espacio cultural, no una boutique. No pretende ser elitista, ni vanguardista, ni populista, ni pasadista: quiere ser (o llegar a ser) justo. No es una hermosa idea puesta en el papel por una mente altamente organizada. Aglutinador es un hecho; está sucediendo: rápida, naturalmente… Las posibilidades de equivocarse son infinitas.

Si hay algo a lo que Aglutinador le huye como a la sarna es a la coherencia, esa aburrida y nauseabunda “bondad” de la conciencia.

Charles Baudelaire dijo: “el arte es largo”.

Aglutinador (espacio de arte) dice: “¡Qué hombre más lúcido!”

A él se le añadieron otras frases: “Aglutinador fue una fiesta muy colorida ¿A quién no le gustaba mucho? Beuys decía: cada hombre es un artista. Nosotros decimos: cada casa es una galería”.

El espacio nació con una conciencia crítica bien definida acerca del papel del arte en el contexto social y una autoconciencia de sus propias necesidades en calidad de proyecto artístico. Las demandas sociales y culturales eran un estímulo para pensar sobre la política curatorial a aplicar y cómo ella facilitaba la activación de los roles sociales y culturales del arte. Por ello, en la selección de los artistas invitados a exponer no hubo exclusiones en relación con su lugar de residencia o su edad, sus diversas posturas en lo estético o lo político. De esta manera, se abrieron un sinfín de posibilidades a la labor curatorial.

Su existencia al margen de la institución Arte, le impuso la condición de alternatividad, o de espacio no oficial, siendo, desde esta perspectiva, el proyecto más completo que ha tenido la tradición cubana. Aglutinador ha acogido a muchos de los creadores que han construido con su labor el alma de la vida artística en Cuba.

Decir que su único compromiso es con el arte, es una sentencia de la que pueden alardear pocos proyectos de nuestro medio. Aglutinador ha reunido en sus exposiciones a más de doscientos artistas cubanos y cerca de quince extranjeros. La diversidad de acciones emprendidas se pueden agrupar de acuerdo al perfil que las identifica en:

–Exposiciones individuales y colectivas.

–Ciclos de exposiciones a partir de un principio curatorial.

–Publicación de plegables y catálogos que recogen las muestras y proyectos.

–Participación especial de Sandra y Ezequiel en diferentes exposiciones, entre los años 1995 y 1996, con obras dedicadas al artista invitado.

–La Muestra del Mes, que consistía en piezas colocadas en la cocina entre los años 1994 y 1997.

–Eventos literarios y musicales.

–Becas a artistas.

Junto a Orlando Hernández, que colaboró muy cerca de Sandra y Ezequiel a partir de la tercera exposición, estuvieron vinculados a la faena curatorial y crítica, los especialistas Gerardo Mosquera, desde sus inicios, y Eugenio Valdés, entrado el año 1997. Fue amplia la gama de especialistas y artistas que contribuyeron a esa labor en tanto sus gestores no sólo fungieron como curadores, también escribieron muchas de las reflexiones críticas que iluminaron las exposiciones y proyectos (a su vez, algunos artistas hicieron las palabras de sus muestras, así sucedió entre otros, con Ernesto Leal y Héctor González).[3]

Una lectura de los integrantes del grupo Diáspora(s) en Aglutinador

Aunque no es posible hacer la relatoría de tantos años de trabajo, sí es factible señalar algunas de las exposiciones y proyectos más significativos, pues son ellos los que hacen evidente lo expresado sobre las virtudes y la singularidad de este espacio.

Aglutinador desde sus inicios generó una intensa y variada actividad artística, por ejemplo, entre los años 1994 y 1997 se organizaron cerca de treinta muestras con los artistas Manuel Alcaide, Juan Carlos Alom, Pedro Álvarez, Chago Armada, Ángel Delgado, Carlos Garaicoa, Ernesto Leal, Ibrahim Miranda, Glexis Novoa, Marta María Pérez, Ernesto Puyol, Colette Rodríguez, Lázaro Saavedra, Cleva Solís y Manuel Vidal.

He seleccionado estos nombres del conjunto, porque nos ayudan a corroborar lo expresado acerca de la política curatorial aplicada, concebida desde una diversidad de cualidades y condiciones sociales y culturales, las que incluían a artistas que vivían en la isla y en el extranjero, jóvenes y maduros, emergentes y consagrados, graduados de escuelas de arte y autodidactas.

Esta relación brinda un aire de bienestar cargado de búsquedas formales, valores estéticos, contenidos sociales y culturales, que nos permiten corroborar el sentido experimental y de vanguardia que primó en el espacio.

En 1995, como parte del proyecto de obra concebida por los gestores para que fuera insertada en la exposición del artista invitado, en esta ocasión se trataba de la muestra personal del Carlos Garaicoa, Ezequiel ejecutó el performance Cada artista que se va es un fragmento que se pierde. En el centro de la sala de la galería, colocó un andamio sobre el que se subió y con una larga vara rompía el repello de una porción del techo. El ruido que producía dicha acción sonaba para los presentes como un eco desde el que se replicaba en cada golpe el nombre del performance.

El significado de esta obra la hace una de las más valiosas de la historia del arte cubano y, por ello, su imagen deberá formar parte de un museo de arte en el futuro de nuestro pais. La denuncia de Ezequiel atraviesa el drama y la incertidumbre que ha producido la emigración de artistas en cada década. Esto no sólo ha conllevado vacíos estéticos –lo más agudos se encuentra en los diálogos y las confrontaciones que no ocurrieron, en las vidas que dejaron de ser vividas dentro del arte–, sino también fracturas humanas que han debilitado y debilitan el contexto social y cultural del medio en Cuba. El fragmento que se quebraba pertenecía al techo del espacio que pretendía todo lo contrario: unir, reunir, agrupar. ¡Qué fuerza la del arte! Que es capaz de hacernos pensar con un gesto sobre un tema enorme.

En el mismo año en el que Ezequiel Suárez realizó el performance antes mencionado, él y Sandra, junto a Orlando Hernández, le organizaron al artista Chago Armada dos muestras personales de su obra, en dibujo y pintura: la primera nombrada Chago. Eyaculaciones con antecedentes penales y la segunda, Nace el topo.[4] Sobre este creador coinciden en afirmar Orlando Hernández y Gerardo Mosquera que es uno de los artistas más valiosos del arte cubano. Orlando Hernández nos dice: “Chago […] ha estado siempre contra cualquier forma de represión mental, sexual, moral, política, filosófica, etc. Y esa actitud ha permanecido siempre inalterable en él y se ha manifestado a través del humorismo y del arte”.[5] Mosquera, por su parte, expresa: “Chago es una leyenda de la cultura cubana. […] Estamos ante un arte crítico en el más alto sentido del término. […] Uno de sus valores históricos es haber sido heraldo de la inclinación analítica del nuevo arte cubano”.[6]

Y fue gracias a este espacio, como señala Mosquera, que Chago pudo realizar “su primera exposición sin cortes, presiones, ni tapujos, donde se muestran las distintas facetas de su trabajo. No la hizo el Museo Nacional sino una galería independiente dirigida por dos pintores jóvenes”.[7]

Riesgos, atrevimientos curatoriales y un conocimiento del estado y las demandas del escenario del arte cubano, contribuyeron a que Aglutinador invitara, entre los meses de mayo y junio del mismo año 1995, al dúo de artistas Eduardo Ponjuán y René Francisco, los que ya generaban admiración por su labor creadora y pedagógica. La muestra, que tomaba el nombre de ambos, estuvo integrada por nueve piezas y un performance en el que cocinaban espaguetis para los visitantes.

Unas semanas después, Cleva Solís exhibía sus pinturas en Una mariposa con ojos de buey,[8] y Pedro Álvarez y Benito Ortiz presentaban conjuntamente La mirada amable. En esta última muestra, Sandra y Ezequiel relacionaron al artista “profesional” y al autodidacta, rompiendo con esos esquemas y ofreciendo “una visión del paisaje y del mundo hecha por dos artistas cubanos importantes (uno ya fallecido y otro joven todavía) […] ellos dos están ahora en un espacio NEUTRAL, dialogando y no compitiendo, confrontando y no venciendo.”[9]

Sandra Ceballos y Cleva Solís en Aglutinador

Al año siguiente, 1996, tuvieron lugar en el espacio, por orden, las exhibiciones de los creadores Lázaro Saavedra, Chago Armada, Jorge Luís Marrero, Alberto Casado, Ernesto Leal, Maité Díaz, Rafael Zarza, Ibrahim Miranda, Ernesto Pujol y Manuel Alcaide, Eduardo Aparicio, Bernardo Sarría, Ángel Delgado, Damián Aquiles, Enrique Lanza y Tania Bruguera. Fueron un total de quince exposiciones, en las que predominaban obras pertenecientes a diferentes tipos de trabajo con la forma, desde los tradicionales, como son la pintura y el dibujo, hasta las artísticas contemporáneas, como el performance y la instalación.

En general esto ocurre en la mayoría de las galerías, pero en el caso que nos ocupa, por ejemplo, exhibieron sus piezas artistas que antes no habían tenido una muestra personal, como fue el caso de Alberto Casado, quien mostraba su creación con sonrisas y afabilidad, haciéndonos creer que estábamos en una fiesta familiar, o de creadores como Ernesto Puyol que vivía en Estados Unidos y volvía para exponer, lo cual era poco frecuente que sucediera en esa época.

Sobre la exposición de Casado, Historias del barrio, Orlando Hernández escribió un texto propio de su ingenio y su acertado juicio crítico,[10] una joya de nuestra crítica de arte, porque en él danza la reflexión junto a la obra de arte para desnudar historias de la vida del arte en Cuba. Así Orlando nos dice:

Alberto Casado se convierte en el pionero de una especialidad hasta ahora desconocida en nuestras artes plásticas: una historiografía literaria y artística de Cuba realizada desde el arte mismo, y que consiste en registrar, mediante la hermosa y desacreditada técnica del papel de plomo bajo vidrio pintado, determinados sucesos de la vida cultural de nuestro país nunca antes recogidos por ningún otro medio. Casado es un cronista de esos pequeños sucesos marginales. Documentos para una pequeña Historia de la Censura en Cuba, ya que es precisamente la censura el tema central de muchas de sus obras.[11]

En Aglutinador, este espacio de unos pocos metros, sucedieron –y suceden– cosas extraordinarias, que nos hablaban de un arte poderoso que no estaba esperando por la legitimación comercial o por una política institucional que lo favoreciera, a sabiendas de que sus muestras estarían ausentes de la prensa periódica y de las publicaciones de arte.

Aglutinador facilitó el encuentro de amigos, creadores en disputa o coincidentes, así como la presencia de obras de arte que en otros espacios posiblemente no hubieran sido permitidas, estimulando también los vínculos entre artistas y críticos de arte, cuando estos demostraban tras el ejercicio del criterio la utilidad de la crítica para la valoración del arte, factor que por diversos motivos ha ido desapareciendo del escenario del arte cubano.

Continuando con las exhibiciones realizadas en el año 1996, en el mes de julio se presentó la muestra colectiva La carne, una convención de tatuajes, que consistió en la exhibición de dibujos, fotografías, instalaciones y performance; con ella se pretendió traer a la discusión el tatuaje en tanto expresión artística.

En el mes diciembre, Tania Bruguera ejecutó el performance Cabeza abajo, con la colaboración de veinte personas entre artistas y críticos, ellos se mantuvieron durante todo el evento acostados en el piso boca abajo, cubriendo una parte del espacio de la galería sin ninguna posibilidad de movimiento, mientras la artista vestida de blanco y con el rostro pintado de blanco, caminaba pasando por encima de los participantes pisando sus espaldas, mientras colocaba entre ellos banderas rojas que delimitaban el territorio de cada uno. En una de las paredes de la galería se reproducía un poema de Carlos Alfonso de donde se tomaba el título del performance.[12]

‘Cabeza abajo’ (performance), Tania Bruguera, Aglutinador, 1996

A partir del año 1999 se disolvió el dúo de Sandra y Ezequiel y la labor del espacio fue asumida sólo por Sandra, aunque Ezequiel se mantuvo colaborando.

Entre esos años y el presente se han sucedido muestras y eventos que ayudaron al proyecto a consolidar su política curatorial, que sobresale dentro del contexto cubano por la novedad de las soluciones formales de las museografías y las propias curadurías, junto a los contenidos abordados en las obras. Estos contenidos eran riesgosos, al refrendar sucesos y valoraciones que emergían de la vida diaria. En esta dirección, resultan significativas tanto la diversidad de acciones emprendidas, como las vías adoptadas para interactuar con la cultura popular, tema escogido por creadores que eran sus portadores naturales.

Residencias de artistas, temas problemáticos como el erótico o el religioso, un evento que tomó al barrio del Cerro como escenario, proyectos en los que la curaduría en sí misma era pensada desde distintas perspectivas y el ciclo de exposiciones que bajo el título Malditos de la postguerra se exhibiera del 2016 al 2018, pueden ser considerados paradigmas de una labor que ha disparado al arte en todas direcciones. En el año 2003, Sandra organizó un programa de residencias para artistas y curadores cuya convocatoria fue lanzada en dos ocasiones, nombrado P.E.R.R.O. (Propuesta Experimental de Respuesta Rápida Organizada), con la intención de apoyar en la realización de obras y en la ejecución de proyectos curatoriales. Este proyecto formaba parte, a su vez, del programa Aglutinador-LABORATORIO, un ensayo pensado hacia la morfología y formas de recepción del arte. En las bases de P.E.R.R.O. se expresaba: “Aglutinador- LABORATORIO es un hecho que se desempeña con soltura, atrevimiento, creatividad, dudas y temor: sus eventos no se fabrican académicamente con demasiados fundamentos teóricos y al ser acciones inusuales se convierten en experimentos que, como tales, pueden derivar en los más diversos resultados”.[13] Este incluía tanto a curadores y artistas que viven en provincia, como en la capital, autodidactas y estudiantes de arte.

En el 2008, Sandra organizó un evento que abordaba el tema del arte pornográfico: We Are Porno, Sí! Primera bienal de arte porno y Fuerte es el Morro. WHO I AM?; ambos fueron sucesos singulares por tratar temas y acciones inéditas en el contexto cubano. En este último, la participación de los artistas era por orden de llegada, hasta el límite que permitía las dimensiones del espacio y se otorgaba un premio por sorteo, contó con la colaboración de treinta y siete creadores.

En el 2009, sobresalieron en la vida inquieta de Aglutinador los proyectos: La bodega de Paquito y La perra subasta. El evento de La Bodega… fue organizado junto al artista Samuel Riera, gestor del también espacio independiente Riera Estudio, fue una fiesta de barrio en la que intervinieron veintitrés creadores. El ensayista Victor Fowler ofrece una aguda visión de este evento. Su comentario crítico ilustra un suceso que movilizó la tradición de la vanguardia hacia otra forma de interacción del arte con el contexto social, ya que serán las relaciones que en él se produzcan las que sirvan de sostén al sentido de lo artístico, a comprender cómo puede ser movilizado ese sentido desde el interior mismo de las acciones que lo constituyen.

Además de la alegría juguetona que rodeó la acción, el hecho de que las personas se aglomerasen en el mostrador para adquirir obras de arte (obras sin ninguna escala superior a los productos asignados según cartilla de racionamiento) conduce a una inteligente crítica del entorno. Dicho mejor, en una realidad insatisfactoria el arte interviene tanto para avivar las herramientas del análisis como para salvar la ilusión. La bodega no es ya el lugar de recibir, como mazazos, constancias de la realidad, sino que resulta una puerta hacia la imaginación transformadora y mientras más consumamos estas piezas nuevas más capaces seremos de elaborar los mundos nuevos.

En el fondo se trata de una enloquecida, acriollada, bodega-Bauhaus que recicla el objeto de vida cotidiana, lo somete a parodia, atraviesa eso que denominamos “arte” para insertarse y modificar el espacio doméstico de quienes adquirieron piezas. Pero, en un segundo y más complejo nivel, resulta un acto que interacciona con las estructuras y las interpela, que abre posibilidades al espectador-ciudadano y la comunidad, que dialoga con procesos como el de definir el arte o con la cuestión de su utilidad.[14]

En otra dirección, violentando las relaciones en las que se ve envuelto el arte con un evento como son las subastas, Sandra idea una exposición por medio de la cual parodia el sentido comercial que la caracteriza, invirtiendo sus códigos y los roles tradicionales que en ellas juega el arte. En la convocatoria a la muestra se argumenta cómo desde esta propuesta curatorial se pueden cambiar esos roles.

La perra subasta fue:

Una exhibición colectiva de artistas cubanos de varias generaciones […] que de diversas maneras han utilizado y utilizan el TEXTO dentro de su trabajo creativo; algunos más herméticos e introspectivos que otros, pero todos juegan o ironizan con el arte, la vida, el medio socio-político, los conflictos existenciales o con nada […] Estas son piezas que […] no suelen proponerse en las subastas de arte por temor a que no sean vendidas –o por otras razones extraartísticas– siendo denegada entonces, por parte de los organizadores de estos eventos, la entrada de obras que, mediante un incuestionable rigor cualitativo, incitan a la reflexión.[15]

En una dirección diferente a la del proyecto anterior, más enfilada hacia el funcionamiento interno del arte, se pensó el proyecto Curadores, Go Home (2008) y Curadores, Come Home (2014-2015), modelos de curadurías que tenían en el mismo acto curatorial su línea de continuidad, sostenidas en los distintos usos que se le podían dar al espacio expositivo.

Se pretendió emplear el espacio como un “laboratorio” para experimentar con exposiciones y proyectos. En la fundamentación del primero Sandra expresa: “El objetivo era el de realizar una exhibición sin tema, curaduría, sin selección de artistas (fue por convocatoria), ni museografía, es decir, un experimento en el cual brillaba por excelencia una manera auténticamente democrática, –no discriminadora– de agrupar arte y artistas.”[16] Una de obras más significativas fue En nombre de quién. Ambiente, creada por un grupo de artistas que colaboraban juntos asiduamente, consistía en la invitación a los asistentes para que escribieran en una de las paredes de la galería el nombre de un evento o exposición censurada y el del censor.

Para el segundo evento, se convocó a cuatro curadores que concibieron sus muestras en diferentes direcciones, ocurriendo en cada una sucesos dignos de destacar. El Ejercicio n.o 1 correspondió a Gerardo Mosquera que exhibió videos de la obra del artista Santiago Sierra, una valiosa posibilidad para conocer su trabajo; el Ejercicio n.o 2 fue emprendido por Rachel Weiss, profesora del Instituto de Arte de Chicago. En su exposición se mostró el documental El canto del cisne, del artista Glexis Novoa y la videoinstalación Así no se da el café, del dúo de artistas Celia-Yunior. En el documental Glexis vuelve su mirada hacia el arte realizado en Cuba en los años ochenta y las circunstancias que lo rodearon, desde las voces de algunos de sus protagonistas, mientras que Celia-Yunior reunieron documentos y objetos pertenecientes a los pequeños comercios de sus abuelos y sobre la nacionalización de estos comercios en el año 1968.

Son dos obras que remiten a un pasado, uno, del mundo del arte de los años señalados y el otro, el de un suceso familiar de orden económico e histórico. El ingenio de la curadora acerca ambos momentos para hacernos pensar sobre las circunstancias que los rodearon, aunque los distancien varios años y sea diferente lo sucedido a cada uno.

Apertura de ‘Curadores, Come Home! Ejercicio n. 3’

El Ejercicio n.o 3 lo acometió la autora del presente texto, se nombró: Diga lo que quiera, nadie sabrá quién lo dijo, y estuvo integrado por doce artistas. La idea curatorial se apoyó en la manipulación de la identidad de los artistas invitados, pues la autoría de las obras sólo sería conocida en la clausura de la muestra. En las palabras al plegable señalo: “Tal circunstancia sui géneris se sostiene en dos posibilidades: la del decir y la de encubrir quién lo dijo, abriendo el campo mismo de la interpretación”[17]

El Ejercicio n.o 4 correspondió a la crítica y curadora Elvia Rosa Castro y se tituló: La hora del cuero, que como ella expresa en las palabras del plegable “es un espacio que desea divertirse desde cierto compromiso. Es por ello que lo mismo puede verse una obra chota, que un homenaje, que una mirada pícara”.[18] Fueron invitados dos críticos de arte, ocho artistas, dos grupos de artistas, el proyecto Señor Corchea y P-350.

El último proyecto que deseo citar, el más cercano en el tiempo, es Malditos de la posguerra que transcurrió entre los años 2016 y 2018, estuvo integrado por seis exhibiciones y un catálogo en el que se resume la memoria de lo ocurrido a lo largo de las mismas, incluyendo textos de varios críticos.

En dicho catálogo, Sandra comenta su propósito de que este sea un homenaje:

Se trata de exhibir durante varios eventos documentación y obras de un grupo […] de artistas visuales cubanos, vivos o muertos, exiliados o no, que a lo largo de varias décadas hayamos sufrido de diversas maneras, el trauma de las censuras, las críticas perniciosas […] la represión, las amenazas, el chantaje, el apartamiento y el olvido calculado como estrategias correctivas.[19]

Considero que este proyecto no es sólo un homenaje a la parte más dolida del arte, es también un espejo en el que se puede observar la vida del arte cubano desde dentro, porque en este espacio se reflexionó sobre lo que se ha callado y sobre las ausencias, sobre los conflictos, los temores, las entregas y las pasiones.

En el presente texto no me detengo en la valiosa obra personal de Sandra Ceballos, ni en las luchas políticas por mantener la integridad e independencia del espacio, ese propósito atraviesa una historia que se fue construyendo en la misma medida que se aprendía a que todo lo que se promovía estuviera dentro de los intereses artísticos de Aglutinador.

El arte en el terreno social reina siempre con dificultad, sin embargo, es desde su gestión que se ha construido gran parte de la memoria espiritual de nuestra sociedad, sin ella se nos hubiera olvidado cuánto y cuándo hemos llorado y reído.

Aglutinador tiene una historia semejante a la de un niño que creció, se hizo adulto y ahora es un personaje maduro que mira con un poco de sorna y mucho amor a todos y todas los que lo rodean.

Su inspiradora es:

Una creadora muy singular, quizás cuando se escriba la historia del arte cubano, nos demos cuenta que una personalidad como la suya no se repitió. Es de las pocas que no ha hecho concesiones, ni a la ideología, ni a los amigos, artistas o no. Su arte es político sin pregonarlo y sin negarlo a la vez. Lo ha realizado con intensidad, junto a la promoción cultural y la curaduría, creando una de las líneas más constantes del arte cubano de los últimos veinte años, que adhiere decencia con valor ideológico, arte maestro y experimental a ignorados y reconocidos, acoplando generaciones, espantando temores, levantando los ánimos en momentos en los que parecía que todo arte reflexivo iba a desaparecer. [20]


Notas:

[1] La primera muestra del espacio Aglutinador se tituló Arte degenerado en la era del mercado y fue una exhibición con pinturas de Sandra Ceballos –de la serie Absolut Utopia— y con obras de Ezequiel Suárez. La segunda fue El frente Bauhaus. En los inicios de Aglutinador, el periodista Mauricio Vicent escribía: “Sandra Ceballos se hartó de la burocracia y decidió crear un espacio independiente en el corazón de La Habana […] sin hacer aspavientos, arrinconó los muebles de su casa, se hizo construir un paraban y reunió detrás de él, en cinco metros cuadrados, su cama, sus libros, su ropa, la cocina y el baño” (“Amor al arte”, El País, 15-7-1995).

[2] Eugenio Valdés: Estar adentro es el único modo de estar afuera [catálogo], Escandon Impresores, Sevilla, 2004, p. 62.

[3] Han colaborado hasta el presente, en diferentes épocas, con el espacio Aglutinador, los críticos, curadores, especialistas de diversos campos y artistas: Yunior Aguiar, Lupe Álvarez, Héctor Antón, Eduardo Aparicio, Natalia Bolívar, Javier Alejandro Bobadilla, Holly Block, Tania Bruguera, Lázara Castellanos, Elvia Rosa Castro, Javier Castro, Elizabet Cerejido, Ángel Delgado, Roberto Diago, Rafael DíazCasas, Magaly Espinosa, Henry Eric Hernández, Ítalo Expósito, Roberto Fabelo, Frency Fernández, Solveig Font, Víctor Fowler, Coco Fusco, Rubén Gallo, Carlos Garaicoa, Dalia García, Rocío García, Luís Gárciga, Luís Gómez, Claudia González, Celia González, Héctor González, Juan Sí González, Orlando Hernández, Linda Howe, Joel Jover, Tami Katz-Freiman, Kim Kozzi, Hamlet Lavastida, Ernesto Leal, Julio Llópiz, Alberto Magnan, Eduardo Marín, Bárbaro Martínez, María Matienzo, Ronaldo Menéndez, Juan Antonio Molina, Gerardo Mosquera, Iván de la Nuez, Rubén de la Nuez, Cristina Padura, Omar Pascual, René Peña, Tony Piñera, Ernesto Pujol, René Quintana, Alfredo Ramos, Sandra Ramos, Grethell Rasúa, Samuel Riera, Carlos Rodríguez, Fernando Ruiz, Pamela Ruiz, Andy Rivero, Osvaldo Sánchez, Evelin Serrano, Orlando Silvera, Dai Skuse, Luis Trápaga, Ana Tomé, Antonio Eligio Tonel, Eugenio Valdés, José Veigas, Giselle Victoria, José José Ángel Vincench, Alberto Virella, Cristina Vives, Rachel Weiss, entre otros.

[4] Pero a su vez un año después, en 1996, se organizaba otra exposición de Chago, junto al artista Lázaro Saavedra, bajo el título: Levántate Chago, no jodas Lázaro, nombre puesto por el propio Chago, quien lamentablemente había fallecido meses antes de la inauguración.

[5] Orlando Hernández: “Chago: la portañuela abierta de la libertad”, palabras al plegable de la exposición Eyaculaciones con antecedentes penales.

[6] Gerardo Mosquera: “Chago Armada”, Poliéster, v. 4, n.o 12, 1995, pp. 56-57.

[7] Ídem.

[8] “Cleva Solís formó parte también del grupo Orígenes, y con su oficio de poeta aportó una perspectiva nueva que le permitió codearse con aquellos grandes. De ahí que en su obra plástica encontramos la fusión de técnicas ingenuas de realización con un mundo referencial muy intelectualizado” (Lázara Castellanos: “Cleva transparente”, palabras al plegable de la exposición Una mariposa con ojos de buey).

[9] Sandra Ceballos y Ezequiel Suárez: “El arte, para nosotros”, palabras al plegable de la exposición La mirada amable.

[10] Orlando Hernández: “Alberto Casado: Apuntes para una simpática historia de la censura en Cuba”, palabras al plegable de la muestra Historias del barrio.

[11] Ídem.

[12] En una reciente conversación con Tania Bruguera, la artista me comentaba sobre esta obra: “El piso lleno de cuerpos acostados bocabajo rememora la sumisión, cómo nos dejamos pasar por encima por la censura o autocensurándonos. Este era un momento en el que se hablaba poco de ese tema”.

[13] Sandra Ceballos: “Palabras a la fundamentación del proyecto”, 2008.

[14] Víctor Fowler: “La cosa (DEL ARTE) estuvo bien hoy”, Poliéster.

[15] Sandra Ceballos: “Fundamentación de la exposición la Perra subasta”, palabras al plegable, 2009.

[16] Sandra Ceballos: “Fundamentación de la exposición Curadores Go Home”, palabra al plegable, 2008.

[17] Magaly Espinosa: “Palabras al plegable de la muestra Diga lo que quiera nadie sabrá quién lo dijo”.

[18] Elvia Rosa Castro: “Palabras al plegable de la exposición La hora del cuero”.

[19] Sandra Ceballos: “Las otras y los otros”, palabras al catálogo del proyecto Malditos de la posguerra, 2016-2018, p. 4.

[20] Magaly Espinosa: “Los malditos y las maldiciones”, texto incluido en el catálogo del proyecto Malditos de la posguerra, 2016-2018, p. 72.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo rialta@rialta.org.
MAGALY ESPINOSA
Magaly Espinosa (La Habana, 1947). Curadora y crítico de arte. Doctora en Ciencias Filosóficas en la especialidad de Estética en la Universidad de Kiév. Entre los años 1996 y 2014 fue presidenta de la Sección de Teoría y Crítica y de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC. Ha sido tutora, realizado oponencias y formado parte de tribunales de tesis de grado, maestría y doctorado en Cuba y Colombia. Ha impartido docencia en Universidades de Colombia, Ecuador, Brasil, España y Cuba. Ha escrito palabras para catálogos de exposiciones realizadas en España, Suiza y Cuba. Entre sus libros se encuentran Indagaciones. El nuevo arte cubano y su estética (Cauce, Pinar del Río, Cuba, 2004) y Antología de textos críticos: el nuevo arte cubano, coeditado junto a Kevin Power, (Perceval Press, Santa Mónica, España, 2002). Entre sus exposiciones comisariadas se encuentra la colectiva: Hoy desde los 80, Casa México, La Habana, noviembre-diciembre, 2016.
Comentarios
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments