Conversando con el cineasta Jhon Ciavaldini sobre ventanas íntimas abiertas a la violencia venezolana

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Still de ‘Ventanas’ (2022); Jhon Ciavaldini
Still de ‘Ventanas’ (2022); Jhon Ciavaldini (IMAGEN vimeo.com - trailer)

El cortometraje documental Ventanas (2022), de Jhon Ciavaldini, resume múltiples perspectivas y numerosos testimonios sobre los días de violencia que estremecieron Venezuela en 2017. Sugiere un Argos Panoptes contemporáneo desde cuyo único cuerpo pestañean infinidad de lentes, alarmados pero a la vez atentos a registrar imágenes que ayuden a explicar los motivos y la naturaleza de sus azoros.

Esta película, que forma parte de la selección en concurso del IV Festival de Cine INSTAR, estará disponible para su visionaje desde Cuba el lunes 4 de diciembre en la plataforma Festhome, desde las 10:00 de la mañana hasta las 12:00 de la noche. Asimismo, el Centro Cultural General San Martín, en Buenos Aires, programa el filme para el martes 5 y el domingo 10 de diciembre, mientras que la sede mexicana de este evento trasnacional, el Laboratorio Arte Alameda, en Ciudad de México, lo proyectará el propio día 5, así como el miércoles 6 y el jueves 7 de diciembre. Ventanas se exhibirá además el día 6 en la Zumzeig Cinecooperativa de Barcelona, España.

En épocas de narrativas múltiples, relatos disgregados, e imágenes abundantes hasta el caos, Ciavaldini busca trazar mapas discursivos. Ventanas parece el resultado de una arqueología inmediata que excava en estratos que se acumulan a una velocidad casi lumínica, impidiendo muchas veces precisar lógicas. El realizador venezolano conversa con Rialta Noticias acerca de los métodos, concepciones y principios que guiaron su expedición a través de estos laberintos audiovisuales.

En Ventanas confluyen la mirada íntima (microhistórica) con las dinámicas masivas (macrohistóricas) ¿Pudiera hablarse de la película como un diálogo tuyo con la Historia? ¿Una forma de localizarte como sujeto en el mapa histórico?

Sí, totalmente. Ese también es el rol del documental, ya que este está envuelto en el mundo histórico. El uso de la primera persona busca unir ese microrrelato, en este caso un cineasta charlando con su madre durante las protestas –y, bueno, todos tenemos madre–, con el gran relato histórico que se está desarrollando actualmente en mi país. Y generar tensión en este diálogo. Es pensar lo que está ocurriendo en mi país a través del acto de ir a las protestas en Venezuela.

¿Te consideras emigrado o exiliado? ¿Un cineasta de la diáspora?

Jhon Ciavaldini, director del documental ‘Ventanas’ (2022)
Jhon Ciavaldini, director del documental ‘Ventanas’ (2022) (FOTO Vía: festivaldecineinstar.com)

Exiliado es una palabra muy tentadora para muchos, pero no caería en eso. Soy un migrante. Soy el resultado de esta diáspora, uno entre más de siete millones –en un país de 28 millones de personas– que han tomado la decisión de dejarlo atrás. Es alrededor del 20 por ciento de la población lo que se ha ido. Por algo será, ¿no? Algo nos empujó a eso.

Soy un privilegiado por irme en avión. Hay gente que se fue a pie, llevando solo lo que podían cargar: los caminantes. En 2019 lo vi con mis propios ojos durante un viaje a Ecuador. Fue durísimo. Hay otros que cruzaron selvas, o se fueron en lanchas. Hay gente reconocida como refugiada, asilados políticos. Yo no. Soy simplemente un cineasta que forma parte de la diáspora.

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Sin menospreciar en lo absoluto tu rol de director, ¿Ventanas pudiera considerarse una película coral, una suerte de discurso-mosaico?

No lo había pensado así, pero creo entender tu punto. Ventanas, de alguna manera, se construye gracias a otros venezolanos, desde los que salieron a las calles hasta los que grabaron y compartieron esos videos en las redes; es mi madre yendo a las marchas –como las madres de muchos.

Son imágenes que muchos venezolanos conocemos; nos hemos familiarizado con ellas a lo largo de años, así como con las repeticiones de las escaladas de violencia. La diferencia clave fue que ya no estaba en Venezuela en 2017 para verla con mis propios ojos. Ya había migrado, y la vi a través de todos estos archivos y testimonios.

Ese año, con un amigo cineasta, Pedro Camacho, trabajamos haciendo los Retratos urgentes, a la par de las protestas, que duraron meses. Eran testimonios en primera persona de ciudadanos residentes en el país, que fueron víctimas o afectados por su participación en las protestas y la situación del país. Yo hice varias de esas entrevistas a personas de todo tipo. Busqué el archivo en las redes, y estuve en contacto con periodistas. Hubo mucha solidaridad y ganas de hacer algo; la gente hablaba con nosotros.

Ese año fue muy duro verlo desde afuera, y quería hacer algo más. Así salió el germen de Ventanas. Era asomarme brevemente a las ventanas de otros venezolanos que nos muestran los fragmentos del país en esas fechas, y que recolecté para armar este mosaico.

Ventanas discursa sobre sucesos acaecidos sobre todo en 2017. ¿La considerarías una película histórica, a pesar de lo reciente de los acontecimientos?

Es historia viva aún, pero repetida a la vez. 2004, 2007, 2014, 2017, 2019. Viene de antes y ha continuado. Y quién sabe qué vendrá. No son nuevas estas protestas en el país. Es historia que se viene repitiendo en los últimos veinte años. Patrones, espirales violentas, mucha calle, inestabilidad y represión. Creo que todo eso ya forma parte de nuestra historia reciente, a lo largo de este proceso que está sucediendo en el país.

Por eso me parece importante tener estas conversaciones cuanto antes como sociedad. No quiero que pase a ser cine de memoria. Cuando se habla mirando al pasado y salen a la luz eventos oscuros del régimen que va de salida, surgen los datos, las cifras, los relatos espeluznantes.

El libro de memorias de Venezuela actualmente está siendo escrito, y hemos tenido previews con imágenes como las de Ventanas, pero así hay muchas otras obras que están recolectando estos fragmentos en los que la historia se pone cada vez más turbia y oscura.

Ya hablamos de centros de detención y tortura; hay una obra de VR (Realidad Virtual) titulada Museo Memoria Histórica El Helicoide. Abarca todo el centro de Caracas, y el espectador se ubica sobre una colina, desde la que se ve la ciudad. Este VR incluye testimonios de personas que estuvieron detenidas ahí, que se conocen por medio de audios, o frases, porque imágenes dentro de este lugar no hay. Como no suele haber de estos lugares cuando están en funcionamiento.

Es muy dura, como duro fue ver nombres conocidos; como por ejemplo el de Lisbeth Añez, que estuvo detenida. En 2017 había entrevistado a su hijo para estos Retratos… que te comenté. Su madre aún estaba detenida y queríamos darle visibilidad al caso. Luego, en 2022, en el VR leía parte de un testimonio que dio sobre su detención, escrito en la pared virtual de una simulación de lo que es una celda en El Helicoide. Fue escalofriante, y me llevó a esa entrevista que parecía lejana al evocarla. Me recordó que es un proceso aún vivo. Se tiene que hablar de esto cuanto antes, y creo que ya estamos llegando tarde.

¿Puede hablarse de Internet y las redes sociales como archivos históricos dinámicos, pero a la vez dispersos? Háblame sobre los retos a la hora de rastrear, y luego cribar, los archivos para dilucidar lógicas, procesos, relatos, dinámicas tal como sucede con Ventanas.

El archivo recopilado en Ventanas nació de una necesidad. En Venezuela la polarización es muy fuerte, y sus medios son muestra de esto. En aquellos días de las protestas, si veías un canal, te pintaba una guerra civil; si veías otro canal, pues vivías en Disneyland. Para mí dejaron de ser referentes.

Sumado a eso, muchas veces en momentos críticos recurría a las cadenas de radiodifusión del Estado; entonces el discurso oficial pasa al frente de todos los medios dentro del territorio venezolano. Por eso Internet y las redes sociales se convirtieron en formas de enterarse y ver lo que ocurría en las calles, sin estar mediado por la agenda o la visión editorial de los medios.

Ninguna imagen en Ventanas fue tomada de ningún canal de televisión, ni de ningún noticiero. Son videos tomados por gente común y compartidos en redes como Twitter, YouTube o Facebook, que se volvieron las formas más cercanas para obtener imágenes de cosas que uno escuchaba en la calle, o de otras personas, sobre lo que ocurría en esos momentos de protestas en todo el país.

Obviamente, se produjo demasiado contenido. Se retuiteaba, se enviaba a grupos, muros, y se volvía abrumador. Se genera tanto contenido que solo se ve una vez; se vuelve viral, se comparte y se pasa al siguiente video. Para mí tocaba tomar una pausa, volver a observar con detenimiento, y luego dentro de todo eso ver cuál contenido era verificable. Estamos en la era de las fake news.

Póster del documental ‘Ventanas’ (2022); Jhon Ciavaldini
Póster del documental ‘Ventanas’ (2022); Jhon Ciavaldini (IMAGEN festivaldecineinstar.com)

Entonces comenzamos a tener fuentes, y periodistas que ayudaban a filtrar videos. Otros se volvieron videos muy importantes, usados incluso como evidencia para armar causas legales contra las fuerzas del Estado, [como] su policía; casos y denuncias que siguen abiertos hoy día en cortes. Pero uno iba verificando… Amigos en distintas partes de la ciudad contaban lo que acontecía en su barrio, y luego buscabas hashtags, o por ubicación geográfica. Un archivo incluido en la película fue grabado y compartido por una amiga que vivía frente a una avenida importante. Otros hechos ocurrían en lugares que lograba reconocer en el video, y así.

Ordenar todo este contenido llevó un buen tiempo de visionado. Puse una serie de reglas: primero, nada de ningún medio de televisión, solo videos grabados por personas comunes. Luego comencé a ver un patrón con el tema de las ventanas. Eso ubica a quien lo graba en su barrio, en su casa, en su calle. La violencia llegó literalmente a las puertas de los hogares. Fueron de alcance nacional. Entonces, solo ventanas.

Luego era verificar el cuándo y el dónde –que en efecto esas imágenes fueran tomadas en territorio venezolano, pues ya ha ocurrido ver imágenes de otros lados como Colombia, Ecuador o México con falsos titulares, aludiendo a Venezuela y viceversa–; el cuándo era importante también porque, como te dije, son imágenes repetidas. Fácilmente puedes poner una imagen de las protestas de 2019 mientras estás hablando de las de 2017, y nadie lo va a notar.

Una vez organicé el material con estas reglas autoimpuestas, fue cuando me acerqué a PROVEA, una ONG de derechos humanos que sigue en Venezuela a pesar de las dificultades y la persecución. Estudié periodismo y me guie por toda esta verificación que te cuento. Pero al mismo tiempo me pareció importante hacer todo un fact-checking con alguien más, que tuviera credibilidad y que conociera dichas imágenes.

Porque las cosas que digo son fuertes, y me lo tomo con toda la seriedad posible, sobre todo porque siguen muchos casos abiertos. No puedo andar por ahí diciendo y mostrando cosas que me salgan de la tripa así no más, más allá que sea un documental en primera persona, en el que estoy lidiando con toda mi situación personal y cómo me siento respecto a mi país. Lo hago respetando la evidencia, los datos, cuando hablo de aquellas cosas que se refieren a la situación política general del país y a los eventos ocurridos.

Para mí fue un proceso muy de cabeza fría –a pesar de todo lo que removió el proyecto, de lo oscuro y catártico que creo fue un poco el resultado– el poner mi voz y lidiar con eso, como venezolano, como documentalista, con las herramientas que tengo para hablar de todas estas cosas que ocurren en mi país, curando el archivo, verificando la información y compartiendo este proceso a través del cine.

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Antonio Enrique González Rojas (Cienfuegos, 1981). Periodista y crítico de arte. Textos especializados suyos aparecen en publicaciones como La Gaceta de Cuba, Cine cubano: La pupila insomne, El Caimán Barbudo, Hypermedia Magazine, Altercine (IPS Cuba), Cine Cubano, Esquife, Noticias de Arte Cubano, Bisiesto (Muestra Joven ICAIC), Enfoco (EICTV), la revista del Festival de Cine de La Habana, y otras. Ha sido guionista de varios programas televisivos especializados en audiovisual como Lente Joven, Banda Sonora e íconos del celuloide. Ha integrado jurados de la prensa en eventos como el Festival de Cine de La Habana. Ha publicado libros de ficción y crítica de cine, entre los que se encuentran: Voces en la niebla. Un lustro de cine joven cubano (2010-2015) (Ediciones Claustrofobias, 2016) y Tras el telón de celuloide. Acercamientos al cine cubano (Editorial Primigenios, 2019). Un tercer volumen titulado “Críticas, mentiras y cintas de video” está en proceso de edición.

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