‘Tótem’, de la mexicana Lila Avilés, gran vencedora en un Festival de Cine de La Habana velado por el espectro de la censura

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Fotograma de ‘Tótem’; Lila Avilés
Fotograma de ‘Tótem’; Lila Avilés (IMAGEN YouTube / Cinépolis)

Tótem, segunda película de la directora mexicana Lila Avilés, ganó el Premio Coral a Mejor largometraje de ficción del 44o Festival de Cine de La Habana. El jurado que concedió el galardón durante la ceremonia de clausura del evento, celebrada este viernes 15 de diciembre, destacó que se trata de “una película sutil, poética y austera que retrata un tema complejo, eligiendo un camino de esperanza ante un mundo violento”.

Los directores Rodrigo Plá (México), Júlia Murat (Brasil) y Kiro Russo (Bolivia), la actriz Eslinda Núñez (Cuba), y el programador Raúl Camargo (Chile), miembros del jurado, distinguieron a Tótem, además, con el Premio Coral a Mejor guion. Así, la película mexicana se impuso a otras fuertes candidatas que integraban la principal competencia del certamen habanero, como la argentina Los delincuentes (Rodrigo Moreno) y la brasileña O Estranho (Flora Dias y Juruna Mallon), que debieron conformarse con premios técnicos, o Eureka (Lisandro Alonso), otra importante producción argentina que no consiguió ningún reconocimiento.

Estrenada internacionalmente en el Festival de Cine de Berlín, donde participó en la competencia oficial, y seleccionada por la prestigiosa revista Sight and Sound como uno de los mejores filmes del año, esta propuesta de Lila Avilés es “una fiesta, un duelo anticipado, un rito de despedida”, según consta en el acta del jurado. Su argumento gira alrededor de una niña de siete años, Sol, que pasa un día en la casa de su abuelo, mientras se organiza la fiesta de cumpleaños –quizá la última– de su padre, quien, enfermo de cáncer, se encuentra al borde de la muerte. Esas circunstancias sirven a la realizadora para mostrar las colisiones entre los diversos miembros de la familia, sus diferencias y sus antagonismos emocionales al ser impactados por la pérdida inminente de un ser querido.

Aunque le fueron esquivos los galardones principales, Los delincuentes –una de las grandes favoritas para los entendidos– obtuvo los premios a Mejor dirección, Mejor fotografía y Mejor edición. Fueron acreditados con los lauros a Mejor sonido y Mejor música original los filmes brasileños O Extranho y Extraño Camino (Guto Parente), respectivamente. Las distinciones a Mejor interpretación masculina/femenina recayeron en la producción colombiana El otro hijo (Juan Sebastián Quebrada) gracias a las actuaciones de los muy jóvenes Miguel González e Ilona Almansa.

El auge del humano 3, segunda película del creador argentino Eduardo Williams, recibió el Premio Especial del Jurado. Según el fallo, esta obra se distingue “por su capacidad de apelar al cine como experiencia, trazando un viaje inmersivo a través de un dispositivo tecnológico que genera un espacio paralelo, único, en donde las diferencias de procedencias, culturas y lenguas ya no existen”. Con este premio, quizá el más justo del palmarés, se reconoce una producción francamente transgresora, inteligente e inventiva, que se emancipa de los códigos más corrientes del cine latinoamericano, a la vez que abre nuevos caminos expresivos para los creadores motivados por la experimentación y el vanguardismo.

Contra todas las sospechas, el jurado de Ópera prima, integrado por el director Arturo Sotto (Cuba), el sonidista Carlos Ibáñez (Suiza) y el editor Jorge Ortega (Guatemala), decidió entregar el Premio Coral de esa categoría a la película brasileña Levante (Lillah Halla). El filme fue galardonado “por su tratamiento del conflicto de la libertad y de las opciones que todos debemos tener sobre nuestro propio futuro”, sostiene el acta. El primer largometraje de ficción del director cubano Alán González, La mujer salvaje, se tuvo que conformar con el no menos relevante Premio Especial del Jurado. El galardón se adjudicó por la aproximación cinematográfica tan singular a “una realidad hostil”, consumada desde la perspectiva de una mujer y, sobre todo, de una madre, y también por “el excelente trabajo de su protagonista”, la actriz Lola Amores. En la sección de Ópera prima se entregó un tercer Coral –a la Mejor Contribución artística– que distinguió a la producción brasileña Sem Coração (Nara Normande y Tião).

De Cuba también fue reconocido Al final del camino (Ariagna Fajardo): Premio Coral a Mejor cortometraje documental. El acta destaca su retrato minucioso de lo cotidiano, visto como el registro idóneo para explorar unos “personajes genuinos que expresan […] el sentido de resistencia de un país”. Fajardo consigue, sin dudas, una sensible reflexión sobre la precariedad económica atravesada por muchas familias cubanas, sobre todo, aquellas asentadas en entornos rurales.

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Las directoras Magda González Grau (Cuba) y Katherina Harde (Chile), y el crítico e historiador de cine Antonio Medici (Italia), jurados de la competencia de cortometrajes, concedieron Premios Especiales, en documental, a …Esperanza, de la realizadora mexicana Mayra Veliz, y, en ficción, a Deixa, de la autora brasileña Mariana Jaspe. El Premio a Mejor cortometraje de ficción se otorgó al filme brasileño Paraiso Europa (Leandro Goddinho y Paulo Menezes), en reconocimiento a su original abordaje del tema migratorio.

Otro de los galardones más esperados era el Premio Coral a Mejor documental, otorgado finalmente a El juicio, obra del director argentino Ulises de la Orden. Los realizadores Jorge Fuentes (Cuba), Juliana Fanjul (México) y Alejandro Fuentes (Bolivia), miembros del jurado, otorgaron el reconocimiento en virtud del trabajo de archivo, así como “por la importancia de la memoria histórica y la defensa de los derechos humanos, que se encuentran, nuevamente, amenazados en la Argentina de hoy”. Este jurado concedió asimismo su Premio Especial a El eco, de la mexicana Tatiana Huezo. Quedaron en el camino empresas creativas relevantes como los documentales argentinos Clorindo Testa (Mariano Llinás) y Mixtape La Pampa (Andrés Di Tella), y los chilenos Malqueridas (Tana Gilbert) y La memoria infinita (Maite Alberdi).

El palmarés de la cita habanera principal acogió también la categoría de animación, un campo expresivo todavía no suficientemente posicionado en la industria de la región. El jurado compuesto por los realizadores Juan Pablo Zaramella (Argentina) y Josep Arbiol (España), y el productor Aramís Acosta (Cuba), premió como Mejor largometraje a Placa-Madre, del brasileño Igor Bastos, y como Mejor cortometraje a Carne de Dios, del argentino Patricio Plaza; además, concedió un Premio Especial al filme brasileño Teca y Tuti: una noche en la biblioteca, dirigido por Diego M. Doimo, Tiago MAL y Eduardo Perdido.

Con la concesión de los premios corales cerró la competición del 44 Festival de La Habana, evento inaugurado el pasado viernes 8 bajo nueva dirección y con la censura de los documentales cubanos Llamadas desde Moscú (Luis Alejandro Yero) y La Habana de Fito (Juan Pin Vilar). Ambas obras fueron excluidas por las autoridades políticas correspondientes contra el interés expreso de los programadores del evento, según pudo conocer Rialta Noticias.

En esta ocasión, el Festival sirvió además al poder político isleño como escenario para desplegar una campaña de descrédito contra el Festival de Cine INSTAR. Este importante evento transnacional presentó entre el 4 y el 10 de diciembre una muestra significativa de películas cubanas independientes hasta en ocho países: una gran contribución al conocimiento de varias de las creaciones cinematográficas que mejor desnudan y piensan hoy, a menudo contra los intereses del gobierno, la realidad cubana. Durante la presentación de sus obras en el certamen habanero, los cineastas Ernesto Daranas y Orlando Mora no dejaron de condenar públicamente la censura y el autoritarismo, así como de reclamar los derechos elementales de la ciudadanía en Cuba.

“No nos dejemos distraer por los ornamentos carnavalescos o las tarimas y pantallas festivas que se ven por la calle 23”, dijo Orlando Mora en alusión a las populistas iniciativas del ICAIC. “El verdadero sentido de todo esto, lo que es verdaderamente esencial para pensar la sociedad, es venir al cine”, recalcó. “Este festival tiene el deber de ser un espacio plural, más inclusivo y más justo”.

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