La correspondencia entre Alejo Carpentier y el editor Arnaldo Orfila ofrece pistas para pensar la política intelectual y la proyección editorial del narrador cubano.
Es asombroso que, luego de sesenta años, el discurso de Fidel Castro a los intelectuales siga guiando la política cultural que ya no oculta su necesidad de reprimir.
Hace algunos años, a propósito de la valiosa antología de Jesús Barquet sobre los escritores cubanos de la generación de El Puente, hablábamos de esa suerte de prodigio que fue el cuaderno La marcha de los hurones (1960) de...
En 1872, año crítico de la historia de España, Paul Lafargue (Santiago de Cuba, 1842) y José Martí (La Habana, 1853) vivieron en Madrid. Pudieron haber coincidido perfectamente en algún lugar de la capital española, aunque Martí, estudiante de...
La pregunta del artista Reynier Leyva Novo es cuántas capas de pintura deben soportar los mitos antes de que el rostro de los héroes desaparezca para siempre.
Beatriz Allende también optó por el suicidio. Su padre se había matado con el AK que le regaló Fidel Castro; ella con la Uzi que también le regaló Fidel Castro.
Desde su exilio venezolano, en los años cincuenta, Alejo Carpentier llegó a estar lo más cerca que le permitía su cultura de “alta vanguardia”, de un escritor, en buena medida, reacio a esta última como José Lezama Lima y...