Charles Simic
Charles Simic

Charles Simic (1938) es un poeta serbio-estadounidense nacido en Belgrado. Fue finalista del Premio Pulitzer en 1986 por su libro Selected Poems, 1963-1983 y por Unending Blues, en 1987, que más tarde ganó en 1990 con The World doesn’t End. Aunque emigró a los Estados Unidos desde Yugoslavia siendo un adolescente, Simic escribe en inglés, que incluso llegó a enseñar por más de 30 años, al igual que Escritura Creativa en la Universidad de New Hampshire. Algunos de sus poemas poseen una fuerza metafísica, surreal, mientras otros son retratos realistas cargados de violencia y desesperación. Ha obtenido otros prestigiosos premios, como la “beca al genio” de la Fundación MacArthur, el Griffin International Poetry Prize y el Wallace Stevens Award. También fue Poeta Laureado de Estados Unidos en los años 2007 y 2008. Ha sido un poeta prolífico, gran traductor, editor y extraordinario ensayista. En la actualidad escribe una columna sobre poesía y arte en The New York Review of Books.

Tapiz

Cuelga de cielo a tierra.
Hay árboles en él, ciudades, ríos,
cerditos y lunas. En una esquina
la nieve cae sobre una carga de caballería,
en otra, mujeres están plantando arroz.

Además, puedes ver:
un zorro llevándose a una gallina,
una pareja desnuda en su noche de bodas,
una columna de humo,
una mujer de ojos malvados escupiendo en un cubo de leche.

¿Qué hay detrás de esto?
—Espacio, mucho espacio vacío.
¿Y quién habla ahora?
—Un hombre dormido bajo su sombrero.

¿Qué pasará cuando despierte?
—Irá a una barbería.
Le afeitaran su barba, nariz, orejas y pelo,
para hacerle lucir como todo el mundo.

Atardecer

El caracol despide quietud.
La mala hierba está bendecida.
Al término de un largo día
el hombre encuentra regocijo, la paz del agua.

Que todo sea simple. Que todo esté quieto
sin una dirección final.
Eso que te trae al mundo
para llevarte a la muerte
es uno y lo mismo;
la sombra larga y puntiaguda
es su iglesia.

De noche algunos comprenden lo que dice la hierba.
La hierba conoce una o dos palabras.
No es mucho. Repite la misma palabra
una y otra vez, pero no muy alto…

El hombre interior

No es el cuerpo
el que es un extraño.
Es alguien más.

Empujamos
la misma horrible jeta
por el mundo.
Cuando me rasco,
él se rasca también.

Hay mujeres
que afirman haberle dominado.
Un perro me sigue.
Puede ser suyo.

Si estoy tranquilo, él más.
Entonces lo olvido.
Sin embargo, cuando me inclino
para abrocharme mis zapatos,
él está de pie.

Proyectamos una misma sombra.
¿La de quién?
Quisiera decir:
“Él estuvo en el principio
y él estará en el final”,
pero no se puede estar seguro.

De noche
al sentarme
barajando las cartas de nuestro silencio,
le digo:

“Aunque pronuncies
cada una de mis palabras,
eres un extraño.
Es hora de que hables”.

Miedo

El miedo pasa de hombre a hombre
sin saberlo,
como una hoja pasa su estremecimiento
a otra.

De repente todo el árbol está temblando
y no hay señales del viento.

Col

Ella estaba a punto de cortar la col
a la mitad,
pero la hice repensarlo
diciéndole:
“La col simboliza el amor misterioso”.

O eso dijo un tal Charles Fourier,
que dijo otras tantas extrañas y maravillosas cosas,
por lo que la gente le llamaba loco a sus espaldas,

tras lo cual la besé en su nuca
muy suavemente,

tras lo cual cortó la col en dos
con un solo golpe de su cuchillo.

Hotel Insomnio

Me gustaba mi pequeño hueco,
su ventana frente a una pared de ladrillos.
al lado había un piano.
Algunas tardes al mes
un anciano minusválido vino a tocar
“My Blue Heaven”.

Aunque, por lo general, era un sitio tranquilo.
Una araña en su grueso abrigo en cada habitación
atrapando su mosca con una telaraña
de humo de cigarro y ensueño.

Tan oscuro,
que no veía mi rostro en el espejo de afeitar.

A las 5 a. m. el sonido de pies descalzos arriba.
Era la Gitana adivinadora,
cuyo escaparate está en la esquina,
que va a orinar luego de una noche de amor.
Una vez, también, el sonido de un niño sollozando.
Y tan cercano fue, que pensé
por un momento, que yo mismo sollozaba.

Los placeres de la lectura

En su lecho de muerte mi padre está leyendo
las memorias de Casanova.
Yo miro la noche caer,
al otro lado de la calle unas ventanas se iluminan.
En una de ellas una joven está leyendo
cerca del cristal.
No ha levantado la mirada en mucho tiempo,
incluso con la llegada de la oscuridad.

Mientras aún quede un poco de luz,
quiero que levante su cabeza,
para poder ver su rostro
que ya he estado imaginando,
pero su libro debe estar lleno de suspenso.
Y además, tal es la quietud,
que cada vez que pasa una página,
puedo escuchar a mi padre pasarla también,
como si ambos leyeran el mismo libro.

Tapestry

It hangs from heaven to earth.
There are trees in it, cities, rivers,
small pigs and moons. In one corner
the snow falling over a charging cavalry,
in another women are planting rice.

You can also see:
a chicken carried off by a fox,
a naked couple on their wedding night,
a column of smoke,
an evil-eyed woman spitting into a pail of milk.

What is behind it?
—Space, plenty of empty space.
And who is talking now?
—A man asleep under his hat.

What happens when he wakes up?
—He’ll go into a barbershop.
They’ll shave his beard, nose, ears, and hair,
To make him look like everyone else.    

Evening

The snail gives off stillness.
The weed is blessed.
At the end of a long day
The man finds joy, the water peace.

Let all be simple. Let all stand still
Without a final direction.
That which brings you into the world
To take you away at death
Is one and the same;
The shadow long and pointy
Is its church.

At night some understand what the grass says.
The grass knows a word or two.
It is not much. It repeats the same word
Again and again, but not too loudly…

The Inner Man

It isn’t the body
That’s a stranger.
It’s someone else.

We poke the same
Ugly mug
At the world.
When I scratch,
He scratches too.

There are women
Who claim to have held him.
A dog follows me about.
It might be his.

If I’m quiet, he’s quieter.
So I forget him.
Yet, as I bend down
To tie my shoelaces,
He’s standing up.

We cast a single shadow.
Whose shadow?
I’d like to say:
“He was in the beginning
And he’ll be in the end,”
But one can’t be sure.

At night
As I sit
Shuffling the cards of our silence,
I say to him:

“Though you utter
Every one of my words,
You are a stranger.
It’s time you spoke”.

Fear

Fear passes from man to man
Unknowing,
As one leaf passes its shudder
To another.

All at once the whole tree is trembling,
And there is no sign of the wind.

Cabbage

She was about to chop the head
In half,
But I made her reconsider
By telling her:
“Cabbage symbolizes mysterious love”.

Or so said one Charles Fourier,
Who said many other strange and wonderful things,
So that people called him mad behind his back,

Whereupon I kissed the back of her neck
Ever so gently,

Whereupon she cut the cabbage in two
With a single stroke of her knife.

Hotel Insomnia

I liked my little hole,
Its window facing a brick wall.
Next door there was a piano.
A few evenings a month
A crippled old man came to play
“My Blue Heaven”.

Mostly, though, it was quiet.
Each room with its spider in heavy overcoat
Catching his fly with a web
Of cigarette smoke and revery.
So dark,
I could not see my face in the shaving mirror.

At 5 A.M. the sound of bare feet upstairs.
The “Gypsy” fortuneteller,
Whose storefront is on the corner,
Going to pee after a night of love.
Once, too, the sound of a child sobbing.
So near it was, I thought
For a moment, I was sobbing myself.

The pleasures of reading

On his deathbed my father is reading
The memoirs of Casanova.
I’m watching the night fall,
A few windows being lit across the street.
In one of them a young woman is reading
Close to the glass.
She hasn’t looked up in a long while,
Even with the darkness coming.

While there’s still a bit of light,
I want her to lift her head,

So I can see her face
Which I have already imagined,
But her book must be full of suspense.
And besides, it’s so quiet,
Every time she turns a page,
I can hear my father turn one too,
As if they were reading the same book.

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