Vistazo al cine independiente cubano en el 43 Festival de La Habana

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Fotograma de ‘Cimientos’, cortometraje documental de María Salafranca (IMAGEN Vimeo / Cátedra Documental EICTV)
Fotograma de ‘Cimientos’, cortometraje documental de María Salafranca (IMAGEN Vimeo / Cátedra Documental EICTV)

Transcurre la edición 43 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Desde el 1 de diciembre, y hasta el próximo domingo 11, el certamen habanero propone al público asistente una muestra de la mejor producción fílmica del subcontinente: un conjunto de películas en que se coligen los nuevos mapas discursivos trazados por los realizadores de la región. Con el slogan “Cine a lo grande”, el evento aspira a defender una visualidad específica, una experiencia cinematográfica y cultural escasamente presente en las canales de consumo a que tiene acceso el público promedio. La expresión apunta entonces hacia el amparo de una tipología fílmica que apuesta por reformular los modos de representación cinematográfica, así como de unos creadores dispuestos a aprehender la realidad desde una perspectiva crítica.

Este año el festival echó a andar con una programación golpeada por la censura, práctica recurrente en un evento inevitablemente sometido al autoritarismo de un poder político incapaz de tolerar la crítica y el pensamiento diferente. Vicenta B, el más reciente largometraje de ficción del realizador Carlos Lechuga, fue excluido del certamen tras una serie de estratagemas urdidas por la oficialidad cubana, empeñada en silenciar/eliminar la mirada y la voz artísticas del director de Santa y Andrés. Aunque finalmente no se podrá ver Vicenta B en las salas habaneras, un grupo de películas cubanas independientes, resultado de esa movida creadora que carga con el futuro del audiovisual en la isla, ha vuelto a ser protagonista en esta edición 43 del Festival.

El territorio fílmico denominado “cine independiente cubano”, donde confluyen anhelos estilísticos e intereses discursivos muy desemejantes, evidencia un indiscutible ánimo de renovación. Varias de las películas seleccionadas para el evento destacan, antes que por su acabado, por el riesgo creativo y la inventiva artística que asiste a la realización. En este pequeño conjunto de obras se perciben algunas certezas: estos creadores tienden a dinamitar cada vez más los modelos narrativos; existe una suerte de desprecio, tanto en el documental como en la ficción, por las estructuras clásicas; de hecho, son recurrentes las deconstrucciones del plano expresivo (fotografía, montaje, puesta en escena…) a partir de la instrumentación intencionada de los códigos del cine de género; los acercamientos al entorno social cubano, sin renunciar a la crítica del poder, apuestan mucho más por sondear las subjetividades individuales y el impacto de la Historia en la experiencia personal.

Un nuevo cine sólo puede emerger de esa movida independiente, que durante décadas ha estado luchando contra el estatismo institucional, la falta de libertades cívicas y creativas, el escaso acceso a la tecnología… Aun así, esos realizadores que operan sin una filiación directa con los órganos del Estado, logran edificar obras inteligentes, sintomáticamente conectadas con los rumbos estéticos más actuales a nivel internacional. Son autores capaces de mirar con agudeza la realidad cubana y auscultar sus zonas más lamentables. Las películas independientes –que apenas llegan a las pantallas nacionales, pero cada vez cosechan más reconocimientos en los circuitos globales– exploran y reflexionan sobre los rumbos del país y su crisis de futuridad.

El cine documental, en específico, disfruta de una salud excepcional. Es en el documental donde quizás se encuentren las experiencias creativas más aventuradas. Cuatro películas incluidas en la sección competitiva de este festival habanero presentan algunos de los hallazgos más notorios de la más reciente producción cubana: la subjetivación del plano expresivo y la acentuación del yo autoral como sujeto del enunciado. El estilo es desplegado acá desde su propia valía formal y no exclusivamente en función del registro de la realidad. En estos filmes la instrumentación misma de los recursos expresivos constituye el más auténtico testimonio de una sensibilidad epocal y de una postura ética ante lo documentado.

Donde resultan más evidentes tales características es en Mafifa (Daniela Muñoz Barroso), incluido en el concurso de largometraje documental. La directora forjó su película como una especie de road movie. Mafifaes el registro de un viaje de descubrimiento: una travesía de La Habana a Santiago de Cuba en busca del personaje que da título al filme: la única mujer que ha sido campanera de la mítica Conga de Los Hoyos. El rescate de la memoria de este singular personaje, cuyo legado devela una serie de tensiones intrínsecas de la cultura popular, condiciona la autorreflexión de la realizadora. Muñoz sale tras Mafifa y acaba sumergida en su propia individualidad. El documental es un ejercicio etnográfico en que el lenguaje audiovisual deviene una herramienta de búsqueda personal.

Virgilio en el gabinete azul (Raydel Araoz) concursa en el mismo apartado. Araoz consagra su película a la memoria del canónico escritor cubano Virgilio Piñera. Este homenaje repasa su legado literario, su itinerario intelectual y los perfiles múltiples de su personalidad. Pero cuanto hace en realidad sorprendente al filme es su concepción formal. Virgilio… es una performance escénica y visual que hace honor a la sensibilidad iconoclasta del dramaturgo, poeta y narrador cubano. El apretado tejido de formas dramáticas, icónicas y retóricas, la superposición de disímiles agentes narrativos, y el manejo de varios niveles de intervención subjetiva, hacen de la película una experiencia audiovisual única. En esa cualidad performática de la trama anida un pensamiento autoral, un gesto estético que, de hecho, actualiza la voz de Piñera.

Otros dos filmes cubanos independientes que compiten en este festival –en específico, por el Coral a Mejor cortometraje documental– son Abisal (Alejandro Alonso) y Cimientos (María Salafranca). A través de rutas estilísticas diferentes, ambos autores escrutan los imaginarios de individuos singulares, atenazados por unas precarias circunstancias de vida. Los protagonistas de una y otra películas son hombres olvidados cuyas identidades (de género, social, laboral, étnica…) y visiones del mundo alcanzan a explicar la crisis de futuridad del país que habitan. Abisal es un poema. Su estilizada visualidad convierte el cementerio de barcos registrado en un inferno donde los trabajadores aparecen como espectros, almas en descomposición que vagan en un mundo abocado a su fin. El diseño fotográfico extrae de los navíos mutilados, de la chatarra, de los trabajadores empeñados en sus tareas, una belleza insólita. Es esa estetización la que revela el habitusdel desguazadero, así como la condición residual de las vidas que allí laboran: excrecencias de la Historia.

En tanto, Cimientos apuesta por un código más naturalista, donde la imagen se apega en directo al entorno contemplado, si bien su concepción intenta convertir el evento (la construcción/reparación de una casa) en una alegoría sobre los destinos de la nación. El filme se ciñe todo el tiempo a un joven, Pedro, empeñado en levantar un nuevo hogar para su familia. Los testimonios registrados –las declaraciones del joven y las conversaciones que sostiene con su madre, su hermana y sus amigos del barrio– tejen un paisaje afectivo y axiológico en constante crisis. ¿Cuáles son y dónde están los “cimientos” de este muchacho? Pedro creció sin su padre y se pregunta por el futuro de un probable hijo suyo. La figura paterna y el rol de “cabeza de familia” serán deconstruidos en esta inteligente obra como elementos de un ámbito social más amplio y complejo.

Las ficciones escogidas por el festival representan además dos de las tendencias más visibles dentro de esta movida independiente: la exasperación de la visualidad y la dramaturgia, a partir, por ejemplo, de una contaminación con el cine de género, y la preponderante proyección social de las historias. Esas cualidades se verifican en Blank (Daniel Santoyo), que aspira al Coral a Mejor cortometraje de ficción. El joven director esgrime ciertos códigos expositivos de la distopía para consumar un personal relato sobre la pérdida del sentido de la vida. Una pandemia que paradójicamente trae a los muertos de vuelta a la vida sirve de pretexto temático para desplegar un preciso ejercicio de estilo. El cuidado planteamiento dramático y el elocuente diseño de la imagen extrañan la atmósfera hasta hacer del espacio un paisaje postapocalíptico. Los protagonistas, una mujer condenada por la enfermedad a regresar a la vida luego de varios intentos de suicidio y un periodista que filma en una de las naves donde se acumulan cadáveres en espera de que despierten, discuten en un tono que pendula entre el humor negro y la tragedia. El valor del sacrificio personal, los enfrentamientos generacionales, el peso de la muerte en los otros, son aristas que emergen en esa discusión como indicios de un estado del imaginario social cubano.

Las hortensias (Lucía Maldonado) es una ficción incluida en la sección “Latinoamérica en perspectiva” que también constituye un apreciable ejercicio de estilo. Acodado sobre todo en la capacidad dramática y expresiva del montaje, este corto escenifica un interesante juego de espejos en que se debate la suerte de una relación amorosa. La película cuenta la experiencia de un director de cine y su pareja, quienes trabajan en la edición de una obra que refleja las tensiones de sus propias experiencias. Deudora del imaginario de David Lynch, Las hortensias es una inmersión en el erotismo, el goce íntimo y la filosa seducción que atrae y separa a estos individuos. Es ciertamente notable el cuidado trabajo fotográfico en esta obra (iluminación y composición interior del plano, especialmente), que resulta un auténtico homenaje al arte cinematográfico.

También en “Latinoamérica en perspectiva” aparecen otros dos cortometrajes de ficción relevantes: El hijo muerto (Maysel Bello) y Karla (Giselle Vargas). Dirigido con precisión, Karla tiene su mayor mérito en la perspicaz acusación que emprende contra la institucionalidad en relación con la violencia sexual sufrida por las mujeres. La anécdota recoge un caso de violación donde la víctima es cuestionada y acusada tanto por la oficial de policía como por el médico que atienden su caso. Vargas mira hacia la masculinidad hegemónica no sólo como una realidad de los cuerpos, sino también como una propiedad inherente a la estructura social.

Entre tanto El hijo muerto se detiene en una zona bastante oscura de la sociedad cubana: el Servicio Militar Obligatorio. Bajo el discurso triunfalista de la oficialidad, “el verde” –como se le conoce popularmente– es un espacio de forja personal y preparación para la defensa de la patria. Sin embargo, constituye en realidad un espacio de violencia y vulnerabilidad para los reclutados, donde las agresiones físicas, ideológicas y machista –por sólo mencionar algunas dimensiones– someten a los jóvenes a experiencias extremas, incluso a la muerte. Bello narra la experiencia de una madre y un padre enfrentados a la noticia de que su hijo disparó intencionalmente a otro recluta, quien intentó denunciar la relación sexual que aquel mantenía con uno de sus superiores. Enfocado desde la perspectiva de los progenitores, el corto capta los ecos de un orden social resquebrajado, donde el conservadurismo machista y el cinismo estatal condena a los cuerpos.

Otras películas independientes cubanas se pueden ver la edición 43 del Festival de Cine de La Habana. Vale también mencionar Un tipo como tú (Ava), sensible revisión de una subjetividad y un cuerpo trans (realidades escasamente exploradas en nuestro cine), así como el documental Bongó Itá, reveladora inmersión en la cultura abakuá: su historia y su lugar al interior de la sociedad insular.

Todas estas obras, más o menos felices en sus realizaciones, son ejemplos de la aventura cinematográfica independiente en la isla. Con esta pequeña muestra el espectador nacional, como mínimo, puede acceder a algunos de los accidentes que pautan el recorrido temático y estético de los creadores que erigen el presente y el futuro del cine cubano.

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1 comentario

  1. Adorei a novidade na linha do tempo do meu perfil do Facebook. Vou transformá-lo em pdf para expor em uma sessão do grupo de Estudos CineHistória da Universidade Federal de Sergipe, coordenado pelo prof Dr Hamílcar Silveira.
    Vida longa ao cinema cubano.

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