Integrantes del Movimiento San Isidro, frente al Capitolio de La Habana, se manifiestan en contra del Decreto 349 (2018)
Integrantes del Movimiento San Isidro, frente al Capitolio de La Habana, se manifiestan en contra del Decreto 349 (2018)

El anuncio de que el Decreto 349 comenzaría a implementarse, hecho el 7 de diciembre de 2018 en la Mesa Redonda Informativa de la televisión cubana por el ministro de cultura y varios otros funcionarios del MINCULT y la UNEAC, se inició en los medios estatales una segunda ofensiva dedicada a justificar esas “nuevas disposiciones en materia de política cultural”.[1] En sintonía con este fin, se le comenzó a llamar eufemísticamente “Decreto para la protección de la cultura en los espacios públicos”,[2] nombre que contribuía a velar los aspectos más controversiales de esa norma jurídica.

La estrategia argumentativa usada por sus defensores fue, en la mayoría de los casos, la misma esgrimida hasta entonces: su aparente función protectora contra ciertas actitudes lesivas a la dignidad humana, como el racismo, la cosificación del cuerpo femenino, las expresiones de odio y la vulgaridad; ignorar aquellos otros elementos del Decreto que obstaculizaban el ejercicio de la libertad de expresión; presentar las críticas al Decreto como intentos más o menos solapados, aunque siempre aviesos, de reducir el papel rector de las instituciones culturales para así erosionar la autoridad del Estado; atacar públicamente y sin derecho a réplica a las personas que objetaban el Decreto, en vez de debatir sus argumentos; y fabricar en torno al ya enturbiado debate público un escenario de “guerra cultural” donde los objetores podían ser cómodamente descalificados como enemigos de la patria: los socorridos epítetos de “mercenario”, “traidor”, “contrarrevolucionario”, etcétera, comunes en el discurso oficial para deslegitimar a quien ejerciera la crítica con más firmeza de lo que las estructuras del poder consideraban admisible o sobre aquello que estas tenían por sagrado. Y aunque algún artículo publicado entonces en los medios estatales abordó con cierta hondura la complejidad de los problemas asociados a la implementación del Decreto;[3] en la mayoría de los casos la aspereza de las embestidas contra quienes cuestionaban esa ordenanza alcanzó tonos insultantes que servían poco al análisis razonado y exaltaban aún más los ánimos.

Una de las primeras respuestas a la implementación del Decreto la dio el crítico de arte David Mateo, que observaba cómo el debate adquiría “matices de contienda ideológica en las redes, de confrontación antagónica entre algunos funcionarios y artistas”, al tiempo que “iba alejándose cada vez más la oportunidad para la exposición concienzuda”.[4] En su ensayo, Mateo mostraba varias insuficiencias de las instituciones estatales de cultura en la promoción, la investigación y la comercialización de las artes visuales, así como la menguada labor de los medios en la educación del gusto y la difusión de la obra de los creadores más destacados en las disímiles tendencias del arte contemporáneo, antes de concluir que en esas deficiencias estaban “algunas causas directas o indirectas de la incertidumbre o el rechazo colectivo que ha surgido en torno a la viabilidad del Decreto 349”:

Si estos problemas existen al interior de nuestro sistema institucional y no han sido superados, qué no podrá suceder con la puesta en vigor de un recurso que parte del núcleo institucional y expande su capacidad de influencia regulatoria hacia la sociedad toda. Si tenemos tantos inconvenientes con la autoridad y la eficiencia de algunos espacios institucionales de difusión y legitimación, si padecemos la falta de idoneidad de algunos de nuestros decisores culturales, ¿quién garantizará la preparación de ese cuerpo de inspectores que se pretende crear para aplicar el Decreto? ¿Quién santificará los límites precisos de lo que es auténtico o no en materia creativa?, o más complejo aún: lo que es arte y lo que no lo es.[5]

El debate en el blog Cine Cubano, La Pupila Insomne fue parte de esa reacción inicial contra una norma que ignoraba con tozudez la naturaleza de lo que intentaba ordenar y cuyos adalides se empeñaban en imponer desoyendo toda réplica. La publicación en La Jiribilla del artículo “Veinte aclaraciones sobre el Decreto para la protección de la cultura en los espacios públicos”, hizo a García Borrero recordar con acritud una frase de Nietzsche en Aurora. Reflexión sobre los juicios morales: “Desde que el mundo es mundo, ninguna autoridad ha consentido ser objeto de crítica”, y cerrar el debate en su blog con una queja por el modo en que la institución desestimaba las opiniones adversas:

al posicionarse de modo tan categórico en lo que considera una retahíla de malas interpretaciones del Decreto, está decretando la clausura del debate más allá de sus muros: podría preguntarse uno, ¿así que todo lo que se exponga críticamente en el asunto merece ir directamente a la papelera de reciclaje?, ¿no ha existido en el conjunto de objeciones y lecturas menos complacientes algo que se pueda salvar?[6]

Una respuesta a su texto, publicada por Antonio Rodríguez Salvador en La Jiribilla,[7] volvía sobre argumentos pueriles para defender la falaz idea de que el Decreto contaba con el apoyo casi absoluto de la población y los creadores, y que solo un minúsculo grupo de intelectuales “en la torre de marfil” lo objetaba. Frente a ellos, Rodríguez Salvador prefería –dijo– no citar a Nietzsche, sino recordar su “origen guajiro” y repetir un antiguo refrán español: “A Dios rogando y con el mazo dando”; actitud esa que no hizo sino aumentar el disgusto de la comunidad artística. Ante el exabrupto de Rodríguez Salvador y la imposibilidad de lograr que el razonamiento colectivo variara la decisión de los funcionarios, García Borrero hizo saber una vez más su disgusto y no volvió sobre el tema.

Tania Bruguera FOTO Sin 349 Serie | Rialta
Tania Bruguera (FOTO Sin 349 Serie)

Sin embargo, varios creadores y activistas del sector independiente de la cultura, más vulnerables ante las regulaciones que la nueva disposición legal imponía, continuaron con sus demandas y fundaron, en diciembre de 2018, el Movimiento San Isidro (MSI). Entre ellos estaban Amaury Pacheco, integrante de Omni Zona Franca y uno de los organizadores del Festival Poesía sin Fin (2003-2013); Michel Matos, productor de eventos como Rotilla Festival (1998-2010) o Puños Arriba (2008-2016); y Luis Manuel Otero Alcántara, que había sido el gestor principal del Museo de la Disidencia (2016) y de la 00Bienal de La Habana (2017), y quien se erigió como líder del MSI.

Para esos artistas, que habían desarrollado una actitud contestataria y sufrido por ello la hostilidad de las instituciones estatales, no se trataba solo de un problema de conceptos sobre la política cultural del país, ni de las ocasionales y evidentes discordancias que entre esa política in abstractum y la práctica cotidiana del trabajo institucional se apreciaban, sino que era –esencialmente– una cuestión de supervivencia. Así lo entendía, por ejemplo, la narradora y periodista Verónica Vega:

Si se lee cuidadosamente el Decreto 349, se observa el interés en inutilizar no solo la probabilidad de que un espacio independiente (galería, club, teatro, restaurante o lo que sea) coopere con cualquier actividad no aprobada por las autoridades culturales (es decir, por el Gobierno), y que, en su defecto, los artistas rebeldes no puedan siquiera recurrir al sagrado derecho de proyectarse dentro de sus propias casas. Una iniciativa extrema que ya se había mostrado efectiva con el festival Poesía sin Fin, después de censurados y expulsados sus miembros, aparatosamente, de la Casa de la Cultura, en 2009. El mérito del 349 es que significa la caída de la máscara, por fin, la declaración de guerra, más que a los artistas, a todo intento de expresar y sostener un pensamiento autónomo.[8]

Y así lo veía también el artista visual Nonardo Perea:

Creo que el Decreto 349 no solo afectará mi trabajo artístico, sino que también me hará parecer más marginado a los ojos de los demás, quienes me verán como un delincuente detestable. Me sentiré como si tuviera mis pies y manos atados al no poder avanzar en mis proyectos artísticos. Eso, de alguna manera, me obliga a repensar si vale la pena seguir viviendo en mi propio país.[9]

“Todo intento de censura termina por fracasar”, advertiría algún tiempo después Antón Arrufat, Premio Nacional de Literatura. Desde la perspectiva que su experiencia vital le daba, entendía que era poco probable que Cuba volviera a vivir, a inicios del siglo XXI, algo similar al “quinquenio gris” que él había sufrido en su juventud. Pero admitía que, con la entrada en vigor del Decreto 349, “los artistas y escritores podrían pagar un precio todavía más caro” que el que muchos tuvieron que pagar en aquel infausto período: “En los años setenta –explicó Arrufat– no existía ningún decreto ni ley que justificara la censura; ahora el derecho a censurar está codificado en un decreto”.[10]

*   *  *

Todavía entre marzo y abril de 2019 La Jiribilla publicó otro conjunto de artículos dedicados a defender el Decreto 349; un primer grupo, reunido en el dossier de la edición 853, que lo abordaba directamente, y un segundo grupo, en la edición siguiente, que se enfocaba en la XIII Bienal de La Habana pero aludía a él –o a quienes lo impugnaban– de manera más o menos tangencial.

Tras concluir la 28 Feria Internacional del Libro en la capital, donde las críticas al Decreto y al Proyecto de Constitución hechas por la poeta Katherine Bisquet durante una lectura habían dado lugar a una agresión en la sede de la Asociación Hermanos Saíz (AHS),[11] y en vísperas de celebrarse el IX Congreso de la UNEAC, para las instituciones se hacía obvio que el malestar no iba a disiparse. Por el contrario, desde los días previos al anuncio oficial en la Mesa Redonda de que el Decreto comenzaría a aplicarse, las tensiones fueron in crescendo y era fácil suponer que podían agravarse en los debates del Congreso.

A inicios de diciembre, un intento de protesta pacífica frente al Ministerio de Cultura había resultado en el arresto de once creadores, entre los que se hallaban Tania Bruguera, Michel Matos, Amaury Pacheco, Yanelys Núñez Leyva y Luis Manuel Otero Alcántara; así como la vigilancia policial de varios otros. El hecho fue reseñado por algunos medios internacionales de gran impacto y publicaciones especializadas en las artes visuales;[12] pero no recibió atención en los medios estatales cubanos y transcurrió sin que la esfera pública nacional lo advirtiera o analizara sus implicaciones en el contexto de los ya amargos debates que venían sucediéndose en torno al Decreto 349.

Luego, ya en los últimos días de 2018, Bruguera renunció a asistir a la Bienal de Kochi-Muziris para acompañar a sus colegas en la campaña por la derogación de esa disposición legal,[13] y el 16 de enero de 2019, durante un coloquio en el Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR), exhortó a los participantes de la XIII Bienal de La Habana a impugnar públicamente el Decreto.[14] El 13 de abril, justo antes de la apertura de ese evento, Bruguera dio a conocer una nueva declaración donde cuestionaba el trabajo del Ministerio de Cultura y su red de instituciones, al tiempo que explicaba por qué no participaría en la Bienal; entre otras razones, porque:

[…] para el Ministerio de Cultura el apoyo material y promocional al proyecto de un artista se decide no basado en su calidad artística sino en su lealtad al gobierno y en el uso que puedan hacer de ese artista para mejorar la imagen internacional del país. Porque el objetivo de esta Bienal no es promocionar a los artistas cubanos (eso le tocará a cada uno según sus posibilidades) sino que todos vayan entendiendo que el decreto-ley 349 será aplicado sólo sobre quienes sean independientes y hagan preguntas incómodas. […] No pudiera tomarme un selfie entre amigos mientras sé que, en ese mismo momento, hay artistas presos y constantemente acosados porque son incómodos y no entran en la narrativa oficial de La Bienal creada por el MINCULT.[15]

Como era de esperarse, tras esa declaración la avalancha de artículos publicados por La Jiribilla concedió a Bruguera una atención especial, aunque sesgada por significativas carencias de información y manipulaciones que, lejos de examinar el funcionamiento de las instituciones o las críticas que la artista les hacía, intentaban desacreditarla y evadir el análisis de sus argumentos. Cuatro de esos doce textos dirigieron contra ella algún golpe, con el ostensible propósito de erosionar su credibilidad y cuestionar su honradez. Así, por ejemplo, se recurría a una rivalidad entre Bruguera y Ai Weiwei en la que este la llamara “artista política a medias”, como si ese “a medias”, en vez de referirse a la limitada radicalidad de su postura política, tuviese la intención de menguar su condición de artista;[16] o se citaba –descontextualizado– un fragmento de una carta escrita por Lázaro Saavedra a Hamlet Lavastida donde el artista reconocido en 2014 con el Premio Nacional de Artes Plásticas decía que Bruguera “no sabe dibujar ni pintar y no le queda más remedio que armar lío, bulla y con eso tiene tupío’ a medio mundo con el cuento de lo ético y el arte político”;[17] o se empleaban contra ella calificativos denigrantes como “la Bullanguera”,[18] al tiempo que se englobaba a todas las acciones paralelas al programa oficial de la XIII Bienal y opuestas al Decreto 349 bajo las habituales etiquetas de satanización política con que se juzga y desestima lo discordante como “acciones subversivas que pretenden disfrazarse de arte”, ejercicios de “usurpación” y “suplantación” realizados por “asalariados dóciles al pensamiento imperial”, es decir, los “mercenarios” de siempre y “[l]a contrarrevolución asociada a las artes visuales cubanas”.[19] Desde esa perspectiva tan trillada como espuria contra los artistas críticos, la declaración de Bruguera sobre su “misión de vida” y su renuncia a participar en la Bienal de La Habana, solo podían interpretarse como actos de provocación, una maniobra ilegítima “por completo centrada en un activismo político disfrazado de arte”.[20]

MSI
Miembros de MSI. De izquieda a derecha, Amaury Pacheco, Claudia Genlui, Iris Ruiz, Michel Matos y Luis Manuel Otero (FOTO Anyelo Troya)

Lo curioso de estos ataques contra Tania Bruguera, y la razón por la que es oportuno detenerse en ellos, es que permiten advertir la lógica perversa en la cual se aspiraba a sustentar el Decreto 349. En este sentido, son un ejemplo práctico del empleo de sus postulados como instrumento para ultrajar a una creadora de prestigio internacional cuya condición como artista se impugna desde premisas político-ideológicas, premisas que intentan dictar no solo lo que es lícito expresar en el arte, sino también dónde –en qué espacios– es permisible hacerlo.

Más que curioso, sin embargo, resulta paradójico que tales diatribas contra la persona de Bruguera se emplearan para calzar la idea de que el Decreto no era un instrumento de censura ni estaba concebido como un recurso legal para juzgar desde el plano ideológico la obra de los creadores, sino “para regular el trabajo por cuenta propia”. Ante semejante despliegue de atropellos y falacias, uno no podía menos que preguntarse: si estos fervientes adalides del 349 pueden, sin asomo de pudor, convertir a una de las artistas visuales más reconocidas del país, con obras en varios de los museos de arte más importantes del mundo –incluido nuestro propio Museo Nacional de Bellas Artes–, en una simple “bullanguera” sin talento, ¿qué otras cosas de semejante cariz no serían capaces de hacer aquellos supervisores-inspectores menos aptos, pero igual de entusiastas, con un autor carente de renombre y de recursos?

Volviendo sobre la misiva de Lázaro Saavedra, cuya intención paródica Téllez Villalón decidió pasar por alto en su arremetida contra Bruguera, habría que tener en cuenta que Saavedra –como él mismo explicara en esa carta– se encontraba por aquellos días de 2011 ingresado en un hospital psiquiátrico donde “el secreto para salir es hacerse pasar por cuerdo”, y habría que considerar también la similitud entre la “técnica de refutación” empleada satíricamente por Saavedra en su mensaje a Lavastida y la estrategia que utilizaron los autores reunidos en el dossier de La Jiribilla para desacreditar a Bruguera, con la obvia y significativa diferencia, por supuesto, de la intención con que esos documentos fueron escritos (ignorar la diferencia entre las intenciones autorales visibles en esos textos es, para decir lo menos, una muestra flagrante de estulticia o deshonestidad, o ambas). De este modo hablaba Saavedra a Lavastida:

[…] eres un digno hijo de las redes sociales, que según los últimos informes de la emisora Radio Reloj sirven para pescar… tontos útiles. Al considerarte un oponente, yo, como buen cubano, voy a utilizar una técnica muy cubana de refutación desarrollada por el hombre nuevo que consiste en no rebatir ningún argumento desde la “superioridad” de los míos, sino en tratar de usar la violencia, desacreditarte, ofenderte, sacar trapo sucio y otras artesanías por el estilo porque esas técnicas son argumentos en sí y hablarán mucho de mí, que es el objetivo de todo este discurso egocéntrico. Así que espero que después de todo, tus argumentos permanezcan intactos.[21]

A propósito del artivismo político de Bruguera y las valoraciones hechas por Saavedra acerca del trabajo de su colega, Téllez Villalón podía haber considerado esta otra observación que –sin voluntad paródica o satírica, y más pertinente en el contexto de los debates acerca del Decreto 349 y la censura ideológica– hizo Saavedra en 2014 con respecto a la polémica obra “#Yo también exijo”:

[…] el gobierno no acepta abrir todos los micrófonos y que se escuchen todas las voces. Estamos cansados de escucharlo y padecerlo. Eso lo sabe todo el mundo incluido el gobierno, lo que sucede es que a este no le gusta que se lo recuerden o lo hagan visible, como se ha confirmado en parte con “#Yo también exijo”. Y está bien repetirlo hasta que un día se abran. Si Cuba hubiera sido un país donde los micrófonos hubieran estado abiertos para todas las voces, nunca hubiera existido “#Yo también exijo”, como han existido tantas otras cosas de las que nadie se ha enterado.[22]

Obviamente, “abrir los micrófonos” y permitir “que se escuchen todas las voces” no era de interés para las instituciones. Al contrario, como hiciera el propio Téllez Villalón en su invectiva contra Bruguera, optaban por esa sucia maniobra descrita con ingeniosidad por Saavedra. “Usar la violencia, desacreditar, ofender, sacar trapo sucio y otras artesanías por el estilo”, garantizaban sin mucho riesgo –o al menos lo habían hecho hasta entonces– el resultado que aspiraban a conseguir: implementar el Decreto e inhibir el rechazo que este estaba generando.


Notas:

[1]    Cfr Mauricio Escuela: “¿Quiénes y por qué están contra el Decreto 349?”; Antonio Rodríguez Salvador: “Sobre la nueva cruzada contra el 349, o resumen de una estupidez 2.0”; ambos publicados en La Jiribilla, no. 850, 22 de noviembre al 2 de enero del 2019; Beatriz Albert Pino: “Decreto 349: «Ni contra el artista, ni contra su libre creación»”, Cubadebate, 8 de diciembre de 2018; y Jorge Ángel Hernández: “Del falso escenario que se gesta con el 349”, Cultura y resistencia, 11 de enero de 2019.

[2]    “Veinte aclaraciones sobre el Decreto para la protección de la cultura en los espacios públicos”, La Jiribilla, no. 851, 3 de enero al 4 de febrero de 2018.

[3]    Vladimir Peraza Daumont: “De la Constitución y el 349. Ambigüedades y valencias”, La Jiribilla, no. 850, 22 de noviembre al 2 de enero de 2019.

[4]    David Mateo: “El Decreto 349 en el contexto de las artes plásticas cubanas. Un punto de vista”, Artcrónica, diciembre de 2018.

[5]    Ídem.

[6]    Juan Antonio García Borrero: “Diciendo adiós al 349…”, Cine Cubano. La Pupila Insomne, 16 de enero de 2019.

[7]    Antonio Rodríguez Salvador: “No voy a empezar citando a Nietzsche”, La Jiribilla, no. 851, 3 de enero al 4 de febrero del 2019.

[8]    Verónica Vega: “Por qué luchar contra el 349”, Havana Times, 28 de diciembre de 2018.

[9]    El arte bajo presión, ed. cit., p. 11.

[10]  Rubén Gallo: “Cuba no debe volver a la era de oscurantismo y censura”, The New York Times, 17 de febrero de 2019.

[11]  Lien Carrazana: “Katherine Bisquet vota No y asume las consecuencias”, Diario de Cuba, 23 de febrero de 2019.

[12]  Cfr. Sarah Marsh: “Bruguera y otros artistas cubanos son detenidos antes de protesta contra decreto”, Reuters, 4 de diciembre de 2018; Jasmine Weber: “Artists Arrested in Cuba for Protesting Decree Censoring the Arts”, Hyperallergic, 5 de diciembre de 2018; Stuart Comer y Leah Dickerman: “Dignity Does Not Rest: An Interview with Tania Bruguera”, MoMA Magazine, 14 de diciembre de 2018.

[13]  Gareth Harris: “Tania Bruguera pulls out of the Kochi-Muziris Biennale, vowing to stay in Cuba and fight censorship law Decree 349”, The Art Newspaper, 11 de diciembre de 2018.

[14]  “Tania Bruguera exhorta a los participantes en la Bienal de La Habana a oponerse al 349”, Periódico Cubano, 17 de enero de 2019.

[15]  “Why Tania Bruguera Will Not Go to This Year’s Havana Biennial”, Biennial Foundation, 17 de diciembre de 2018.

[16]  J. A. Téllez Villalón: “La Bienal y las razones que no asisten a Tania Bruguera”, La Jiribilla, no. 854, 9 al 28 de abril de 2019.

[17]  J. A. Téllez Villalón: “Espantapájaros contra la institución”, La Jiribilla, no. 853, 5 de marzo al 8 de abril de 2019.

[18]  Ídem.

[19]  Jorge Ángel Hernández: “¿Equívocos, o forzosas agendas?”, La Jiribilla, no. 854.

[20]  Jorge Ángel Hernández: “Entornos mediáticos para la Bienal”, La Jiribilla, no. 854.

[21]  Lázaro A. Saavedra González: “Estimado Hamlet Lavastida”, 15 de febrero de 2011. Esta carta, que circuló solo a través del correo electrónico.

[22]  Lázaro A. Saavedra González: “Tania gana, los derechos civiles continúan perdiendo”, Enrisco (blog de Enrique del Risco), 30 de diciembre de 2014.

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DANIEL DÍAZ MANTILLA
Daniel Díaz Mantilla (La Habana, 1970). Licenciado en Lengua Inglesa, narrador, poeta, ensayista y editor. Ha publicado las colecciones de relatos Las palmeras domésticas (Premio Calendario 1996), en·trance (Premio Abril 1997), El salvaje placer de explorar (Premio Alejo Carpentier 2013, Premio Anual de la Crítica Cubana 2014); la novela Regreso a Utopía (2007); los cuadernos de poesía Templos y turbulencias (2004), Los senderos despiertos (Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas 2007), Gravitaciones (2018), y Words Colliding / Colisiones verbales (edición bilingüe, 2023).

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