El astuto campesino austríaco Thomas Bernhard, que fue atenazado durante cuarenta años por la tuberculosis, consiguió transmutar su infortunio en una deslumbrante carrera literaria.
'Spinoza en el parque México', de Enrique Krauze, no desentona en ese célebre legado, el de la memoria como tributo, no como venganza. Es una memoria y un alegato.
En 'Doble papagayo', de Nanne Timmer, hay una mujer que versifica el devenir de una mujer. La hace transitar folio por folio como si no hubiera un mañana.
Son curiosos los psicópatas, vampiros y asesinos de Poppy Z. Brite. Como si sus actos y dichos, en extremo aberrantes, no estuvieran simbolizando nada y fueran así como son.
Imre Kertész es por encima de todo un artista verbal de primer orden, un escritor tan lejos del sentimentalismo desenfrenado como de la ampulosa retórica.