FOTO Edgar Ariel
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El 10 de abril de 2019, mientras escribía en mi libreta ideas conceptuales de obras que nuca haré, veía en directo a través de Facebook Watch una transmisión de Clarín que anunciaba la primera imagen de un agujero negro en el centro de la Vía Láctea. Revolución astrofísica. ¡La primera imagen de un agujero negro! Ha sido captada por The Event Horizon Telescope. La fotografía muestra el agujero negro en el centro de Messier 87, una galaxia masiva situada en el cercano cúmulo de Virgo. Me llama la atención porque mi signo es virgo. Una bobería, ya lo sé.

Déjame repasar. En 1925 el físico alemán Albert Einstein predijo en su Teoría de la Relatividad General la existencia de lugares en los que el tejido del espacio-tiempo se distorsiona de tal manera que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de ellos.

Los agujeros negros son objetos –llamémosle objetos– que teóricamente deberían ser imposible de fotografiar. Si no hay luz tampoco hay fotografía. Así que, técnicamente, las primeras fotografías de los agujeros negros no son un retrato directo de estos cuerpos celestes, sino una imagen de su sombra.

Me hace recordar la primera página de Jardín, la novela lírica de Dulce María Loynaz, cuando Bárbara camina por la avenida de los pinos y ve proyectadas extrañas sombras entre los árboles: astillas de luna.

Escribo en mi libreta cualquier cosa que se me ocurra.

Acreción: crecimiento por adición de materia.

¿Qué es para mí un agujero negro?

¿Un agujero negro es lo mismo que un agujero de gusano?

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¿Cuba es un agujero negro?

¿El castrismo es un agujero negro?

¿Un padre es un agujero negro?

¿Y una madre?

¿El performance es un agujero negro?

¿La danza es un agujero negro?

¿Yo soy un agujero negro, o la imagen de mi sombra?

FOTO Edgar Ariel
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Una obra que nunca haré se llama Donante A+.

(Mi iPhone 5 está amarrado en mi plexo solar, sobre el chakra del sentimiento, mientras escribo unos versos dedicados a mi padre, proyectados contra la pared. Mi iPhone 5 –pulido, higiénico, blanquísimo– proyecta en su pantalla el cronómetro. Mi iPhone 5 está colocado sobre el lugar donde, anatómicamente, debe estar mi corazón).

Seis medallas de donante de sangre. De tres, cinco, diez, quince, veinte, veinticinco años de donante. Caben las seis dentro de mi puño. Son tan pequeñas que sobra puño. Las medallas eran de mi padre, muerto por derrame cerebral. Mi madre dice que no murió de eso, sino de un infarto súbito. Muerte súbita. El corazón bombea. Es mucha la excitación cardiaca. Corazón en griego: kardia.

A la escucha. Planos de escucha. Donante A+ sería una huella de acto. Arte cenotáfico. Estética de la ausencia.

Porque a mí

Padre mío

Tampoco me alcanzarán las fuerzas

Para levantar

Por ti

Un Arco de Triunfo

(Escribo en mi computadora estas palabras que se proyectan contra la pared. El cronómetro de mi iPhone 5 no se detiene).

En Cuba se dona sangre de manera voluntaria. Mi padre donaba sangre cada tres meses. Dos litros de sangre que llenaban, apaciblemente, una bolsa plástica con la inscripción MINSAP (Ministerio de Salud Pública). Mi padre donaba sangre A+. Mi sangre también es A+.

Llenaba la bolsa y tenía como recompensa un vaso de yogurt de soya o de leche de vaca y pan con hamburguesa de res que no se comía y me llevaba para la casa como un cazador antiguo que regresa con un toro sobre los hombros.

Mi madre

Tu esposa de siempre

Descolgó el bucráneo que me recordaba

Desde el dintel

En la entrada de nuestra casa

Ya ennegrecido y sin guirnaldas

Tu último día de caza

En que te vi llegar

Con el toro

Sobre los hombros

Donante A+ tendría una mirada contrahistórica, en un giro epistemológico hacia el sujeto. Fragmentos de verdad, fuentes de legitimidad que experimentan con la forma como entidad conceptual.

Arte autorreferencial. Arte político. La política como acción del desacuerdo y como forma de experiencia. Como forma de pensar en el futuro a través de un ejercicio de transformación. Estas últimas son palabras de Tania Bruguera.

Mi padre murió trabajando como un mulo. ¿Para quién? ¿Cuál es la recompensa? ¿Hacia qué santuario se dirige su sangre, derramada, por todos los cubanos?

Los que trabajan como un mulo mueren de infarto súbito.

Un día alguien me anunció que su cuerpo flotaba bocabajo en el Nilo. Yo no quería eso para él. No lo quiero para mí. Con los años comienzo a temerle a la sangre. La sangre, la verdad, siempre nos asusta.

FOTO Edgar Ariel
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Hace unos meses inicié una investigación con mi tía que es bailarina en una compañía de danza contemporánea. Nos interesa poner a dialogar el cuerpo envejecido y el cuerpo desentrenado. Nuestra postura política inicia en y desde nuestros cuerpos, que son cuerpos de periferia. Trabajamos desde la periferia.

Entendemos el cuerpo como un mapa, como fuente primaria y territorio de resistencia, como sistema abierto y dinámico de intercambio. Cuerpo como (met)archivo donde apilamos todas nuestras experiencias. Intentamos crear conceptos que nos permitan un replanteamiento político del cuerpo.

Conjunciones y disyunciones.

Corporales e incorporales.

Edgar Ariel y Vianki González, dos ponis que solo hacen lo que han aprendido; una serie de juegos malabares con pelotas, en pago de lo cual le echan arenques vivos; cual focas atlánticas.

Después que un león nos hubo bostezado en las narices, con las orejas ardientes y heridos en lo más íntimo, quisimos demoler los principios de correlación. Por gusto.

Primera tarea: diccionario gnoseológico de cuerpos.

Cuerpo celeste. Cuerpo montaje. Cuerpo meseta. Cuerpo estudio. Cuerpo político. Cuerpo especial. Cuerpo denso. Cuerpo inválido. Cuerpo enyesado. Cuerpo infraestructura. Cuerpo conativo. Cuerpo escucha. Cuerpo célula. Cuerpo vernáculo. Cuerpo transubstanciado. Cuerpo esmalte. Cuerpo (des)construido. Cuerpo reconstruido. Cuerpo ideológico. Cuerpo semiotizado. Cuerpo somatizado. Cuerpo abyecto. Cuerpo institución. Cuerpo consonante. Cuerpo cachorro. Cuerpo mascota. Cuerpo hembra. Cuerpo antropológico. Cuerpo bandera. Cuerpo estandarte. Cuerpo poscrítico. Cuerpo acción. Cuerpo arqueológico. Cuerpo consolador. Cuerpo estético. Cuerpo sémico. Cuerpo arquitectónico. Cuerpo crítico. Cuerpo escritural. Cuerpo autónomo. Cuerpo sinfonía. Cuerpo caníbal. Cuerpo experiencial. Cuerpo sensible. Cuerpo sentimental. Cuerpo científico. Cuerpo cerámico. Cuerpo caribeño. Cuerpo contenedor. Cuerpo tecnología. Cuerpo digital. Cuerpo presente. Cuerpo axioma. Cuerpo estético. Cuerpo putica de lujo. Cuerpo diarrea. Cuerpo mojón. Cuerpo carnavalesco. Cuerpo daltónico. Cuerpo maricón. Cuerpo tortillera. Cuerpo mariquita. Cuerpo bursátil. Cuerpo artefacto. Cuerpo alcancía. Cuerpo máquina. Cuerpo bandoleresco. Cuerpo ensayo. Cuerpo mercado. Cuerpo futuro. Cuerpo pretérito. Cuerpo agujero de gusano. Cuerpo agujero negro.

Segunda tarea: construir una arquitectura propia de nuestro sistema. Nuestro sistema de relación se compone por dos cuerpos: el envejecido y el desentrenado.

¿Qué potencias hay en el cuerpo envejecido?

¿Qué potencias hay en el cuerpo desentrenado?

Objetivos. Acción realizativa. Carácter procesual. Experiencia en curso. Dialéctica de resistencia y de sometimiento. Práctica / recorrido. Prácticas del presente. Devenires activos. Tecnologías del ser. Deseo de acercamiento. Ejercicios de conciliación. No hay empatías forzadas. Clave de lectura. Triturar el aura.

Nos dejamos atravesar, incluso, por la ausencia.

Obras que nunca haré.

La imagen emerge.

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Edgar Ariel Leyva González (Holguín, Cuba, 1994). Periodista, investigador y crítico de arte. Máster en Estudios Teóricos de la Danza (2020) en la Universidad de las Artes de Cuba (ISA) y Licenciado en Periodismo (2018) en la Universidad de Holguín. Es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Actualmente investiga sobre la configuración de la estética poscrítica en Cuba. Forma parte del Staff de Rialta.

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