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Lo más leído de ‘Rialta Magazine’ en 2024

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‘Rialta Magazine’, 2024
‘Rialta Magazine’, 2025

“La pregunta «qué es un lector» es, en definitiva, la pregunta de la literatura”, dijo Ricardo Piglia. “Esa pregunta la constituye, no es externa a sí misma, es su condición de existencia”. Suponemos que lo mismo valdría para una revista como la nuestra, que fracasa y, solo quizá, acierta todos los días, con la misma soltura, la misma perplejidad, en la tarea de conocer a sus lectores. Al Lector. 

¿Qué lee el Lector?, nos preguntamos siempre. Y en ciertas fechas incluso caemos en la inexplicable tentación de hacer cuentas y compilar saldos… 

Al cabo de una docena de números y varios centenares de publicaciones –incluidos piezas literarias, ensayos, artículos de crítica literaria, cinematográfica o de arte, entrevistas, crónicas y análisis de actualidad sociopolítica–, estos son los diez textos más leídos de 2024 en Rialta Magazine:

1. Enrique Winter: “Nueve poemas para ‘Parir el alba’ con Gioconda Belli”

Gioconda Belli es la más reciente ganadora del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y la Universidad de Salamanca, junto con decidirlo, le publicó una antología con prólogo y edición de María José Bruña Bragado. Forma parte de una colección que acompaña las tres décadas del premio, en una labor que hoy es rara de encontrar entre las universidades públicas: es analítica y a la vez sensible, de alcance general para lectores de poesía. Varios de sus volúmenes me parecen la mejor introducción a cada autor, por la amenidad rigurosa de sus estudios críticos, que repasan las estéticas en relación con la trayectoria y el contexto, sugiriendo lecturas frescas, como las que Bruña había desarrollado ya en el tomo dedicado a Ida Vitale.

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Un premio de esta índole tiende a delimitar la obra, pero Parir el alba produce lo contrario, liberándola incluso de los límites de la recepción previa. Sin imponer sus agudas interpretaciones, Bruña equilibra la entrega de información y la bibliografía corriente sobre los temas –feminismo de segunda generación, revolución sandinista y ecología, en este caso– con un contagioso entusiasmo por aquellos momentos que considera las cumbres de la obra de Belli y que recibí con una cautela que la propia editora permite sopesar, citando por anticipado las páginas de los versos. Los empecé a degustar así, con asombro seguido de gozo.

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2. Néstor Díaz De Villegas: “‘Poor Things’: el futuro pertenece por entero a Perogrullo”

Poor Things, la comedia dionisíaca del griego Yorgos Lanthimos, viene a librar a la mujer hollywoodense del cinturón de castidad del progresismo –y conste que el progreso, en el universo Lanthimos, aparece como una de las múltiples conformaciones del pasado.

Esa mujer arquetípica que enseñó a las muchachas del mundo a hablar sucio, fumar cigarros, beber fuerte, jugar con la cabeza de los hombres y vivir por la ley de sus reverendos ovarios, no había tenido un orgasmo en 30 años. Yorgos la hace venirse en pantalla múltiples veces, por primera vez desde que Harry Met Sally.

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3. Hilda Landrove: “Derribar la estatua de Chávez”

Un día después de las elecciones del domingo 28 de julio en Venezuela, una imagen regresa una y otra vez: una estatua de Hugo Chávez con la nariz y la boina rotas es golpeada por alguien con rostro y cabeza cubierta, que deja caer una mandarria sobre el duro material del monumento. Un fondo azul imprime a la imagen la iconicidad suficiente para convertirse en tendencia en el mundo virtual y dotar a los sucesos del día, de otra manera difíciles de capturar en conjunto, de un sentido cabal: los manifestantes venezolanos rechazan no solamente la imposición de un nuevo período de Gobierno de Nicolás Maduro por la vía del fraude, sino también el ideario del chavismo, que los condujo a este momento.

Las estatuas materializan la idea del cuerpo político, una antigua metáfora que permitía imaginar la entidad política en una forma humana emblemática. La metáfora, tan socorrida en el medioevo, fue dejando de tener sentido a medida que, pasados los tiempos de los absolutismos, las entidades políticas se centran más en las articulaciones de sus miembros que en la morfología final del conjunto. Pero siguen siendo importantes aun cuando la discrepancia entre el cuerpo materializado en bronce –o mármol o algún otro material que resista la intemperie– y el cuerpo político que pretende representar sea un abismo insalvable.

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4. Jorge Enrique Lage: “¿Cómo es vivir en Miami con Legna Rodríguez Iglesias?”

Hace unos meses me dejaron husmear en una imprenta de las afueras de Barcelona. En un bulto de cartulinas viejas, impresas a todo color y destinadas a la basura, hallé esta superposición de manchas y tintas: las pruebas de portada de un libro de entrevistas a David Foster Wallace se mezclaban con las de El cielo de la selva (Lava, 2023), de Elaine Vilar Madruga. Me gustó la conjunción de esos dos nombres. Una agradable sorpresa.

Hace muchísimos años, alguien cometió el error de incluirme en el jurado de narrativa del Premio Pinos Nuevos. El único libro de Elaine Vilar que he leído es La hembra alfa, la obra que premiamos, que me gustó mucho. Una agradable sorpresa. Luego le perdí la pista. Culpa mía, porque después de eso Elaine publicó unos quinientos libros. Oportunidades nunca me han faltado.

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5. Alan West-Durán: “El mito Maria Callas”

Debo confesar por adelantado que nunca conocí a María Callas, nunca la vi cantar en vivo, ni tampoco tuve esa experiencia mística de muchos “fans” de oírla en grabación y experimentar una especie de orgasmo auditivo (o de otro tipo). La primera vez que escuché su voz no cantaba sino hablaba: fue la película Medea (1969) de Pier Paolo Pasolini donde protagonizó el papel principal. Su interpretación del célebre personaje de Eurípides me dejó atónito. (Años más tarde vi a Diana Rigg hacer el papel de Medea en 1993 en Nueva York, por el cual se ganó el premio Tony, enteramente merecido). ¿Voz de Callas? En el cine italiano de esos tiempos se doblaban las voces: resulta que por su acento en italiano Pasolini optó por usar la voz de la actriz Rita Savagnone. Décadas después, una versión en DVD restauró la voz de Callas. Para ser justo con la Savagnone, era conocida por sus excelentes doblajes, incluyendo a nada menos que a Vanessa Redgrave, Joan Collins, Whoopi Goldberg, Shirley McLaine, Debbie Reynolds y Liza Minelli. Así que mi primera exposición a la voz de Callas fue un acto de disimulo, una mentira.

Según sus biógrafos, Pasolini no escogió a Callas para el papel por su fama operática, era por su gracia y belleza física, su extracción obrera y que era griega. Claro, su fama para esa época era mundial, no sería equivocado pensar que alguien como la Callas podría ser una atracción taquillera. Tampoco se puede olvidar que Callas interpretó el rol de Medea (la ópera de Cherubini, de 1797) más de treinta veces entre 1953 y 1962. Por otro lado, Pasolini admitió que Maria Callas fue la única mujer (además de su madre) que amó en su vida. (Hay fotos de ellos tomados de la mano como novios de secundaria y besándose en la boca, por si hay dudas). Ella, a su vez, también confesó una gran admiración y respeto por el director y poeta italiano, añadiendo que igual que ella, Pasolini era un introvertido. Callas recién se había separado de su amante Aristóteles Onassis, quien la abandonó para eventualmente casarse con Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente estadounidense asesinado. Pero basta de telenovela, regresemos a Medea, una telenovela de verdad, es decir, mítica.

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6. Norge Espinosa: “‘Papier maché’, mirarse en el espejo de Antonia Eiriz: hablan Carlos Celdrán y Zulema Clares”

Cada vez que visitaba a Abelardo Estorino en su casa, me detenía a ver esas raras cabezas de papier mâché que descansaban sobre uno de los libreros de su estudio. Antonia Eiriz (La Habana, 1929-Miami, 1995) era la autora de esas piezas, hechas por ella para la aparición de algunos personajes esperpénticos que a manera de jueces o coro intervenían en el montaje de La verdadera culpa de Juan Clemente Zenea, la obra de Abilio Estévez que Estorino llevó al escenario de la sala Hubert de Blanck con Teatro Estudio. De pronto, en esas cabezas grotescas que inconfundiblemente llevaban el sello de la gran pintora, estaban reunidos todos esos nombres: Zenea, Estorino, Abilio, Teatro Estudio, ella misma… Me pregunto si se conserven aún, pero lo cierto es que tras la muerte del autor de Morir del cuento, nunca he vuelto a subir la empinada escalera para llegar a ese sitio donde Raúl Martínez se escurría al fondo cuando empezaban a llegar los teatristas, y yo insistía para que Estorino me mostrara la africana donde Virgilio Piñera se hundía en aquellas tertulias que allí, mientras transcurrían los duros años setenta, sucedieron para que se pudiesen leer en pleno clandestinaje las obras de esos autores censurados y mal vistos.

Atravesando las galerías del Museo Nacional de Bellas Artes, siempre procuro un momento para detenerme ante La muerte en pelotaEl dueño de los caballitos, o La anunciación, esos cuadros de expresionismo feroz que Antonia Eiriz sacó de su imaginación para hablar de los horrores cotidianos. En mi última visita al museo, mientras me dirigía a los espacios de la retrospectiva de Manuel Mendive, busqué también el retrato que en 1977 le hiciera a Antonia su discípulo Flavio Garciandía, titulado con fina ironía Nada personal. Los artistas hablan entre sí, se imaginan en retratos y evocaciones que sobrepasan años y silencio. Ahora, Carlos Celdrán acaba de estrenar en Miami una obra que protagoniza esa mujer, esa pintora que puso a golpe de vista nuestras alucinaciones. Papier maché es el título de ese estreno, presentada por Arca Images en el Westchester Cultural Arts Center desde el 1 y hasta el 11 de agosto.

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7. Dean Luis Reyes: “La pedagogía de la resistencia del nuevo cine cubano”

Mientras más pronto entiendan los miembros de la Asamblea de Cineastas Cubanos que están solos, más rápido asumirán el pase de página que requiere la situación actual. A un año de creado, como colectivo que se erigió desde la rabia y la denuncia ante la censura, el grupo no ha contado con el apoyo masivo de otros gremios (que acaso ni existan como tales), ni mucho menos de la sociedad civil independiente. Tampoco ha sido reconocido por la burocracia oficial, cuya razón de ser perdería sentido de haberlo hecho.

Si bien las fuerzas más lúcidas de las colectividades civiles cubanas apoyan la estrategia y objetivos del gremio de cineastas (a saber, un modelo de política cultural más democrático, lo que implicaría la democratización de la sociedad e instituciones a los que esa política respondería), la táctica no convence a todos. Entre otras cosas porque, ¿qué quiere la Asamblea?

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8. Nelson Rivera: “El Ibsen Martínez que conocí”

Ibsen Martínez regresó a Caracas en marzo de 2024, luego de vivir una larga década en Bogotá. Lo hizo en deliberado silencio. No podía ser de otro modo: temía que se despertara la furia persecutoria del régimen en su contra. De haber podido, hubiese permanecido en Bogotá por más tiempo. Tenía allí unos pocos amigos, a los que estimaba. Le gustaba caminar por algunas zonas de la ciudad. Pero, sobre todo, Ibsen se enamoró –y no exagero cuando escribo ‘se enamoró’– de algunas bibliotecas bogotanas, como la Biblioteca Virgilio Barco, de la que fue un usuario agradecido y recurrente.

En sus años bogotanos, Ibsen pasó muchas horas leyendo y tomando notas en distintos mesones bibliotecarios. De esas lecturas me hablaba en sus llamadas. Por ejemplo: durante unas semanas, en 2017 o 2018, estuvo concentrado en la historia y en los innumerables avatares del café en Colombia. En 2019 se sumergió –una vez más– en Joseph Conrad, Nostromo, Costaguana y el vastísimo campo de los viajeros europeos por las antípodas.

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9. Cecilia Bobes: “¿Extremismo político o polarización afectiva? Apuntes al vuelo sobre el caso cubano”

Se ha hecho cada vez más frecuente escuchar conjeturas acerca de la alineación de posturas extremistas y radicales que ocasionan la polarización política en la sociedad cubana –asumida esta con perspectiva transnacional–. He percibido esta preocupación no solo en medios digitales y tertulias informales, sino también en contextos académicos. En el más reciente congreso de la Latin American Studies Association (LASA), por ejemplo, dos paneles sobre Cuba discutieron acerca de las “condiciones para el ascenso de la extrema derecha” y las “derechas conservadoras, antagonismos y perspectivas sociopolíticas de futuro”, respectivamente. Además de las formulaciones “derecha extrema” y “derechas conservadoras”, los títulos de las ponencias incluían expresiones como “extremismo reactivo y conservador”, “polarización mediática”, “surgimiento de una derecha radical en el espacio público cubano” y “discurso extremista”.

La existencia de discursos polarizantes y actitudes radicales en un amplio segmento de la sociedad cubana es un hecho constatable. Basta asomarse a los comentarios en redes sociales o medios digitales para encontrar opinadores fanáticos de Trump, Bolsonaro, Bukele y Milei, que discuten acrítica y encarnizadamente con adoradores de Fidel Castro, Hugo Chávez y sus respectivos legados. Por otra parte, algunos estudios empíricos sobre las opiniones y comportamientos políticos de los emigrados recién llegados a la Florida (que, en cierto sentido, pueden servir como proxy de las actitudes de una parte de los residentes en la Isla) muestran que en ellos predomina una antipatía por el Gobierno cubano que los suele acercar al Partido Republicano y a la figura de Donald Trump.

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10. Osdany Morales: “«Eso es lo que soy» o sobre la forma en los ‘Diarios’ de Kafka”

En un fragmento de “El narrador”, Walter Benjamin asigna una dimensión material a los géneros literarios: “Lo que distingue a la novela de la narración”, escribe, “es su dependencia esencial del libro”. En el diario, como género, esta subordinación alcanza posiciones paradójicas, porque el diario puede ser percibido como un libro cuya materialidad precede al acto de escritura; existe físicamente, con las fechas impresas de los días, a la espera de las palabras. Philippe Lejeune propone: “Toda escritura de diarios asume la intención de escribir al menos una vez más, una entrada que atraerá a otra, y a una más, sin un final”. Parear estas ideas –las fricciones entre la narración del cuento y la novela, y la escritura acumulativa de los días– abre un camino para llegar a los Diarios de Franz Kafka.

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