Decenas de artistas cubanos se oponen a la venidera “Bienal Policial” de La Habana

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#NoALaBienalDeLaHabana (detalle) / Foto: Juan Sí González
#NoALaBienalDeLaHabana (detalle) / Foto: Juan Sí González

Decenas de artistas cubanos cuestionan en redes sociales y medios de prensa independientes la realización de la XIV Bienal de La Habana (12 de noviembre de 2021 al 30 de abril de 2022) e incluso, a través de una carta abierta, han denunciado el evento como parte de “un esfuerzo del gobierno [cubano] por callar a aquellos que piensan diferente” mientras algunos colegas y centenares de otros ciudadanos permanecen en prisión tras el estallido social del 11 de julio último.

En principio, más de cincuenta creadores de la isla suscribieron la carta titulada ¿Por qué decimos NO a la Bienal de La Habana y pedimos que hagas lo mismo?, que apareció este jueves en Hypermedia Magazine, donde recibe nuevas adhesiones.

El documento resume las razones –emanadas en debates virtuales (y no sólo)– de artistas, curadores, críticos cubanos y extranjeros para rechazar una cita que, si bien en sus inicios aspiró a convertirse en un espacio contrahegemónico y desjerarquizador dentro de los circuitos del arte contemporáneo, casi cuatro décadas después de su fundación en 1984 no sería más que un instrumento de la oficialidad cubana para crear espejismos frente a la comunidad internacional.

“Decimos NO a la participación en la Bienal de la Habana, porque artistas cubanos han estado, y otros aún permanecen, en prisión; porque decenas de profesionales del arte están bajo reclusión domiciliaria; porque más de mil de nuestros conciudadanos fueron arrestados durante las protestas masivas que tuvieron lugar el 11 de julio”, exponen los firmantes.

Activistas cubanos aseguran que continúan en la cárcel más quinientas personas, incluidos menores de edad, que participaron en las protestas del 11J, acontecidas en más de cien puntos de la geografía nacional, de acuerdo con cifras de Proyecto Inventar

En el texto se consigna que este llamado de atención es uno de los últimos recursos en un camino de denuncia y puesta en circulación de numerosas muestras de desavenencia hacia la Bienal, tanto individuales como colectivas.

Después de varios intentos frustrados de diálogo entre la sociedad civil cubana y el Gobierno de la nación; después de decenas de cartas, peticiones, gestos de protesta; después de que el “Parlamento Europeo y las Naciones Unidas han condenado la detención y el acoso de los cubanos que han tratado de expresar su creatividad y voluntad pacífica”; después de un 27N, un 27E, un 30A, un 11J; después de la negativa del poder a que los ciudadanos se manifiesten pacíficamente, declarando ilegal la marcha convocada para el próximo 15 de noviembre; ¿Por qué decimos NO a la Bienal de La Habana y pedimos que hagas lo mismo? pone énfasis en su denuncia: “son las mismas instituciones y los mismos funcionarios que organizan la XIV Bienal de La Habana, los que se niegan a escucharnos, quienes han consentido y participado en la violencia ejercida contra artistas y trabajadores de la cultura, por intentar una mayor autonomía para nuestra cultura y los derechos civiles de la ciudadanía”.

Para unirse a esta petición de “NO participar, no asistir y no apoyar esta edición de la Bienal de La Habana”, los interesados pueden enviar su firma a la dirección de correo [email protected].

En redes sociales la artista y curadora Coco Fusco ha sido una de las líderes de este boicot a la Bienal habanera; iniciativa a la cual no han tardado en unirse otros creadores exiliados como, por ejemplo, Juan Sí González, quien posteó “I also say NO to the 14th Havana Biennial” junto a los hashtags #NoALaBienalDeLaHabana y #LibertadParaTodosLosPresosPoliticos.

El pasado 4 de octubre, durante la conferencia de derechos humanos Oslo Freedom Forum, la artivista Tania Bruguera afirmó que la Bienal de La Habana es “otra pieza de propaganda” del Gobierno cubano. Asimismo, la creadora de Autosabotaje invitó públicamente a Nelson Arellano, director de la Bienal, a “tener una conversación pública” bajo el respeto de las “diferentes posiciones”.

“Como debe saber hay un grupo de artistas, entre los que me encuentro”, dijo Bruguera, “que no estamos de acuerdo con que se realice esta edición de la Bienal de La Habana en un contexto donde haya cubanos presos injustamente por ejercer su derecho constitucional de manifestación pacífica. Entre ellos se encuentran algunos artistas. Tampoco entendemos por qué, si una vez se decidió no hacerse la Bienal por un desastre natural en una provincia oriental, ahora, que estamos en plena crisis sanitaria y económica, se destina el dinero que el país dice no tener para una exposición que puede postergarse”.

En este sentido, el artista visual Henry Eric Hernández publicó: “Cada Bienal de La Habana se ha llevado a cabo bajo el mismo contexto totalitario”; sin embargo, en esta ocasión “el Ministerio de Cultura ya no controla el discurso de la «la política cultural revolucionaria» y su exportación, con la cual ha solapado la violencia política. De la misma manera que el lobby crítico de la década de los noventa no controla el correlato que en buena medida ha dado soporte a dicha exportación”. Igualmente, sostuvo que “la gramática social cambió: una parte importante –que no mayoritaria– de la sociedad desea un cambio democrático: está cansada de tanta precariedad”.

Según Hernández, “una parte de las élites culturales –aun sabiéndonos minoría ante la mayoría que permanece en silencio– deseamos un cambio político y social y apoyamos el boicot”. “Lo relevante”, en su opinión, “no es el por qué antes no se negaba dicha Bienal y ahora sí; lo significativo es que tal negación no pertenece únicamente al gremio de artistas visuales, pues proviene de un ámbito diverso y transgeneracional; lo significativo es que da igual cualquier evento que como la Bienal o el Festival de Cine sean productos por y para el proselitismo totalitario; lo significativo es que cualquier giro hacia una vida democrática entraña la democratización de los procesos culturales y por tanto un recambio simbólico y fáctico. Y eso, con relación a dicha Bienal, comenzó con la celebración de la 00 Bienal de La Habana. No se trata de «recuperar» un evento al uso, sino de reformar su uso político”.

Sobre qué significa la próxima Bienal de La Habana, la crítica de arte Janet Batet –para quien el logo del encuentro “es como una pelota loca dando tumbos a diestra y siniestra, desesperada por eludir, a toda costa, el inevitable Game Over”– compartió algunas ideas en la revista El Estornudo. En relación a la 00 Bienal, realizada del 5 al 15 de mayo del 2018, recuerda que “la cita planeaba desde su centro una sedición colectiva”. Para ella “es esta la única Bienal posible en Cuba”, y hace una invitación: “Lancemos la #01 Bienal”.

En otra carta abierta, Julio Llópiz-Casal se dirige “al bienalista”: “No se trata de hacer lo que sea por engordar un currículo, de competir o de hacer lo posible por llegar «tan lejos» como otros artistones del patio…, eso es asunto personal de cada cual. Se trata de que tampoco se debe perder de vista que vivimos en un contexto en que el Estado lo controla todo y nos desprecia a todos por igual, aunque no lo parezca”.

Entre los intelectuales que se han manifestado en redes sociales se encuentra Enrique del Risco: “No. Mientras haya presos de conciencia. Mientras los artistas sigan enjaulados. Boicot permanente”. Por su parte, el artista visual Amilkar Feria Flores opina que “es un simulacro de muy mal gusto, contrario a lo que cualquier artista o amante de las artes anhelaría, realizar un evento de esta naturaleza en las actuales condiciones de amordazamiento cívico que vive nuestro país”.

Geandy Pavón, en esta misma cuerda, se pregunta y se responde: “¿Bienal de La Habana? Nah, eso no es una Bienal, empecemos por definir bien las cosas. hace años el curador Elvis Fuentes le llama a esa cosa «la feria de arte de La Habana». Entonces: ¡No a la feria de arte de La Habana! El evento cultural y político (sobre todo político) más jinetero del hemisferio”.

Julio Lorente, artista visual cubano, asegura que “no es posible un evento cultural a plenitud sin libertad política y mucho menos con artistas en prisión”.  Del mismo modo que reconoce la dimensión “afectiva” de la Bienal y su devenir como registro histórico, recuerda que participó en dos muestras colaterales, en la novena y la décima ediciones, como coautor de “dos de las obras más mediáticas y al mismo tiempo censuradas”: Encuentro y HE.

Lorente considera la Bienal de La Habana “un evento que murió hace mucho tiempo y que pervive como gesto. Por eso decliné, tiempo atrás, participar en un proyecto de naturaleza tan falaz. El arte no es un fenómeno ajeno a la realidad, el arte no puede legitimarse con malabares éticos, el arte no es espejo que sólo tiene que reflejar lo bello de manera artificial, al arte, finalmente, es otra palabra para referirnos a la vida”.

Para Sandra Ceballos es inmoral apoyar a la XIV Bienal de La Habana: “Ya no se trata ni siquiera de política, ni partidos, ni ideologías (que son las causas, por cierto), se trata de respeto al ser humano, se trata de hambre, de miseria, de injusticias, de cubanos, mujeres y hombres –blancos, pero sobre todo los negros y mulatos cuyos nombres no aparecen en las redes sociales– que están sufriendo violencia verbal y física, amenazas y sentencias crueles e injustas (porque no han cometido ningún delito) sin derechos legales como reos. Por otro lado, no hay dinero para alimentar al pueblo y suministrar alimentos en hospitales y farmacias, pero sí para producir un evento como la Bienal en medio de una crisis social, política, económica, y una pandemia que aún persiste”.

El artista visual Ronald Vill afirma a su vez que este “no es el momento” para realizar la Bienal: “Basta con entrar a Facebook y ver la cantidad de presos políticos por razones absurdas o sin razón alguna. Basta pensar en los ojos de Hamlet Lavastida descontrolados de miedo, mientras sonreía e intentaba responder a Carlos Manuel Álvarez, y ya estaba en Polonia. […] La Bienal es una fiesta, debería ser una gran fiesta del arte cubano, pero el arte cubano hace rato está en duelo. Aquí no hay nada que celebrar”.

Como una “Bienal Policial”, la ha nombrado justamente Hamlet Lavastida, recientemente desterrado, junto a la poeta Katherine Bisquet, hacia Polonia. Lavastida, quien estuvo preso 87 días desde junio pasado en la Unidad de Instrucción de la Seguridad del Estado Villa Marista, y luego seis días más en una casa de protocolo de la propia policía política, denomina el evento de esta manera “pues el Estado Policial muy «oportunamente» es quien la ordena, quien la orienta. Un Ministerio de Cultura Policial es quien la articula, quien la promueve, quien la financia”.

De acuerdo con Lavastida, hoy en la isla “no es posible crear y participar en evento artístico alguno sin dejar de pensar que en Cuba hay creadores prisioneros por su conciencia, por sus ideas, por su creatividad, por sus discrepancias políticas”.

“Hoy la cultura cubana”, concluye, “está reducida al burdo ejercicio del ministerialismo, a la disciplina y cultura política del MININT [Ministerio del Interior] y el MINFAR [Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias]. Esa cultura hoy tiene una Bienal, una Bienal Policial”.

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