En la edición del pasado sábado 14, apareció en esta página de Arte Literatura una carta o recado, no sé cómo llamarlo, del señor Virgilio Piñera al Primer Ministro Fidel Castro.

Con la publicación de esas líneas, demostró esta página de Arte Literatura que aquí sobran ojos y falta responsabilidad: cuatro señores encima de una infeliz página: Díaz Martínez, Frank Rivera, Fernández Bonilla y S. Sarduy para nada, para que un sujeto cualquiera les tomara el pelo con un papelucho asqueroso y agonizante que sólo merecía como destino el cesto de la basura. Ninguno de los ocho ojos supo ver lo que en realidad significa para los escritores cubanos estas líneas bochornosas; ninguno pudo descifrar la jugada. ¿Por qué? Ah, porque el aborto venía firmado por Virgilio Piñera, uno de los monstruos sagrados de nuestro hipócrita ambiente literario, ambiente que durante cincuenta años se ha mantenido a base de los chantajes de falsos valores.

Hay que analizar la carta o recado poco a poco, porque no tiene desperdicio. Empieza diciendo: “Nosotros”. ¿Qué quiere decir Virgilio Piñera con “nosotros”? Porque aquello está firmado nada más que por Virgilio Piñera. Luego agrega: “los escritores”. ¿Es que el señor Piñera representa en algún aspecto a los escritores cubanos? ¿Con qué derecho se erige él en madre de todos los escritores de Cuba?

De entrada, su complejo de culpa le hace decir que el Gobierno Revolucionario tiene “entre ojos” a los escritores cubanos. Esto es una noticia, algo nuevo: yo no sabía que el Gobierno mira a los autores cubanos de ese modo. Después dice Pinera: “sabemos que nos cruzamos de brazos en el momento de la lucha”. No, señor Piñera, no fue solamente en el momento de la lucha. Los “escritores” como usted se cruzaron de brazos antes, muchísimo antes: se cruzaron de brazos en su momento, en su generación, cuando hacía falta que ustedes hablaran. Si hubieran luchado entonces, si hubieran hablado en su tiempo, tal vez las cosas después hubieran sido de otra forma… Y dice más adelante: “sabemos que hemos cometido una falta”. Así confiesa el señor Piñera su falta, así tan campante, como un niño que ha sido cogido cometiendo una travesura. No nos parece mal este arrepentimiento del señor Piñera (aunque estos arrepentimientos tardíos hay que mirarlos siempre con mucho cuidado). No nos parece mal que reconozca que él y la mayoría de los autores de su tiempo vivió siempre de espaldas al público y a los problemas y ansias de su pueblo; que mientras él estaba enredado con su filosofía “bergsoniana” nuestro pueblo sólo pedía que se le dijeran las cosas que quería y necesitaba [ILEGIBLE] y que se las dijeran claramente para ser [ILEGIBLE] Piñera con ese “no cooperamos con ustedes” les echa encima la culpa de él a los demás autores cubanos. En Cuba y durante la tiranía se escribió y se publicó literatura que era crítica y condena a nuestros antiguos sistemas. Podría darle varios nombres, pero sería inútil: a usted le sonarían completamente desconocidos. Pues mientras nuestros honrados y valientes autores jóvenes levantaban su voz de protesta, estaba usted inmerso en la lectura de los novelistas polacos.

El señor Piñera se queja ahora de que a veces “es tildado de raro”. Sorpresa. Pero, ¿no es esto lo que quería? ¿No es esto lo que buscaba él, Lezama Lima y comparsa cuando avaramente se agrupaban con el “raro” propósito de crear una refinada élite intelectual?

Ahora resulta que el señor Piñera quiere ser útil, quiere cooperar. Su profunda angustia “kafkiana” ha desaparecido, o se ha modificado al extremo de querer tirar a un lado su antigua actitud desprovista de todo intento comunicativo. En algo tiene usted razón, señor Piñera: entre nosotros no puede haber comunicación. Aunque usted no lo crea, los tiempos han cambiado. Ya pasó aquella época en que usted pretendía decir algo y había siempre un coro de analfabetos que no entendía de nada, y que se le arrodillaba y abría estúpidamente la boca, con el único gesto de admiración que conocía.

Ya al final, hay unas líneas que son para el señor Piñera la antesala del ridículo. Es cuando le dice a Fidel: “Si como usted ha dicho el cubano es muy inteligente, y si nosotros somos lo uno y lo otro…” No insista, “inteligente” señor Piñera. Olvídese de “lo uno y lo otro”… ¿Por qué se empeña ahora en cometer otra “falta”? Déjele limpio el camino a nuestros jóvenes escritores que, a pesar de no ser más que proyectos –como usted dice–, están dispuestos a hacer mucho, si es que a cada rato no le salen al paso hombres como usted. Déjese de andar por ahí por los periódicos publicando notas decadentes y vanidosas cuando logra sorprender la buena fe de algunos jóvenes generosos, pero un poco confusos.

Compadezco al señor Virgilio Piñera por ese “estado miserable” en que se debate y al que quiere arrastrar a nuestros escritores, que están muy lejos de la podrida “menesterosidad” donde está metido el señor Piñera y de la que pide lo saquen.

Y esperamos que este espectáculo bochornoso no se repita: que no vuelva a ponerse la opinión y los destinos de nuestros jóvenes escritores en una boca gastada y mentirosa. Es más, no sólo lo esperamos sino que lo exigimos.

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