El desarrollo es como sigue: del síntoma (Verbum) se origina el sentimiento (Espuela); de este surge el disentimiento (Clavileño, Nadie Parecía y Poeta). El resultado es, por riquísimo, no mensurable. Pero con todo se puede ir hablando ya de esa “excepcional generación de 1936”.

¿A qué detenerse en pequeñas miserias, en esa porción periférica de las fermentaciones, donde un necesario mal olor hace pensar a ciertas gentes de “olfato delicadísimo” que el signo de los tiempos es la pestilencia? Detengámonos sin más en la propia fermentación: llegada a un punto, esta, o se resuelve en una superficie dura, en una coraza defensiva al rico licor que aguarda debajo, o queda en aguaza de estéril intranquilidad donde el alegre estallido de algún cohete no anuncia los nacimientos. Así, las marcas de sensibilidad o sentimiento no podían quedar resueltas en marcas de sensiblería o acatamiento. De ahí el disentimiento que es Clavileño, Nadie Parecía, Poeta.

Dejo confiado el delicioso proceso, la historia secreta de las caras alargadas, de los portazos en la cara, de la mano izquierda, de los abusos telefónicos, de las extensas epístolas a ese buen cronista atormentado que pregunta al amigo octogenario de los poetas fallecidos sobre sus usos y costumbres.

La suerte, la lujosa fortuna de Espuela debiese a que sus mezclas, por distintas, no permitían acoplamientos, funciones más o menos transigentes. La eternidad de Espuela procede de esa misteriosa contradicción que surge de los espíritus afines. Abrir cualquiera de sus páginas es recibir una lección de dinámica. Espuela está ya dentro del movimiento perpetuo.

Una descendencia son muchas cosas, pero es siempre un peligro. Estos hijos de Espuela constituyen un peligro para ellos mismos. Como surgen de un disentimiento necesariamente instauran un sentimiento. Clavileño se resume en “revista para la amistad”; Nadie Parecía en “revista de catolicidad”. Pero toda música de programa es peligrosa. En el caso de Clavileño la amistad puede arribar a ciertas concesiones nada afortunadas, porque el “está bien” o el “es discreto” pueden ser prueba de amistad pero no de cultura. En el caso de Nadie Parecía la insistencia de lo católico descubre claramente un modo de hacer literatura (la mejor literatura) como otro cualquiera. Y no niego que sean católicos sus fundadores como amigos son los de Clavileño. Lo que no se puede aceptar de una y otra parte es cierto deus ex machina, muy inteligente, de mucho efecto pero muy falso también. Superar este deus sería para la literatura, que al fin dirá la última palabra, de mayor beneficio que la amistad o el catolicismo declarados expresamente.

Dejémonos ya de frases, de lemas, de exlibris, de prólogos, de manifiestos… Destruyámosles porque están hechos de lo hecho, de lo acabado, repujado o cincelado; de lo que se encaja u obliga. Gran necesidad de la patada de elefante a ese cristal hecho para el anhélito de los ángeles. Después de la patada, la reconstrucción del cristal, gránulo a gránulo, proclamará que sólo es posible la cordura por la demencia o la suma por la división.

Poeta no está o va contra nadie. Poeta es parte de la herencia de Espuela, familiar de Espuela, familiar de Clavileño y Nadie Parecía. Sólo que en este consejo poético de familia poética la salvación vendrá por el disentimiento, por la enemistad, por las contradicciones, por la patada de elefante. Por eso Poeta disiente, se enemista, contradice, da la patada y aguarda, a su vez, el bautismo de fuego.

Poeta espera, necesariamente, el descubrimiento de su parte falsa.

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