Para que se vea el crédito que debe darse a los periódicos oficiales u oficiosos –para el caso es lo mismo– vamos a relatar dos hechos.

Dos de esos periódicos le “echaron con el rayo” a Rómulo Betancourt, el presidente demócrata, de elección popular, de Venezuela, que pocas semanas antes había recibido al canciller cubano Raúl Roa y había conversado con él largamente, en un plano amistoso según el propio Ministro.

Da la casualidad, además, que uno de esos periódicos está dirigido por el señor Luis Orlando Rodríguez, que es el actual embajador del Gobierno Provisional Revolucionario en Caracas.

El maltrato verbal a don Rómulo obedece o que el Gobierno que preside se negó a fusilar o los militares de la reciente conspiración fracasada e hizo lo que procede en casos como estos: entregarlos o los tribunales de justicia ordinarios. Además, el presidente Betancourt se expresó duramente contra los “revoltosos” y “los alborotadores de la izquierda radical” que habían promovido ciertos disturbios “populares”. Según los dos colegas oficiales u oficiosos, esos, “revoltosos” y esos “alborotadores” son el verdadero pueblo venezolano. Y don Rómulo, desde luego, el antipueblo.

El embajador de Venezuela en Cuba protestó naturalmente. Y al canciller Roa no le ha quedado más remedio que darle explicaciones, desautorizando a dichos periódicos y declarando que lo que ellos dicen no traduce el criterio oficial del régimen.

El otro caso se relaciona también con la Cancillería. En un folleto editado por el Departamento de Actividades Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores se censuró acremente al suplemento literario semanal de uno los dos periódicos antes aludidos, acusándolo de “confuso”, “evasivo” y “reaccionario”.

Es raro que no lo califiquen también de atentario a las buenas costumbres, pues en ese suplemento se publican con mucha frecuencia artículos que contienen palabrotas obscenas. ¿También esto es revolucionario?

Para muestras bastan estos dos botones. Si el mismo régimen de que son voceros se ve obligado a desmentir y a censurar estos periódicos, ¿qué puede pensar de ellos la opinión responsable del país?

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